Luiz Inácio Lula da Silva asumió la presidencia de Brasil para su actual mandato el 1 de enero de 2023 y desde el primer día tuvo que enfrentar un levantamiento destituyente encabezado por el ex presidente Jair Bolsonaro, que pese al accionar de la justicia se mantiene hasta estos días, como lo demuestra la reciente manifestación de ultraderecha en Copacabana, con un nivel de convocatoria importante.
El gobierno trata de controlar la inflación y conseguir el superávit fiscal, y en aras de esa política duda ante las presiones del agronegocio y enfrenta la política de aranceles que le impondrá Trump a sus exportaciones.
Brasil, con la mayor economía de la región, uno de los fundadores de los BRICS y una de las 10 principales economías del mundo, es el segundo mayor proveedor de acero y hierro a Estados Unidos, habiendo exportado a este país en 2024, ambos productos por un valor de 4.677 millones de dólares, la política arancelaria de Trump a partir de marzo, con aranceles del 25% a sus exportaciones, podría perjudicar las finanzas del país y la política del gobierno en el mercado interno.

El fantasma de la inflación
En febrero los precios al consumo tuvieron el mayor aumento en 3 años, presionando al gobierno para encontrar soluciones.
Los datos oficiales mostraron que los precios tuvieron un aumento significativo en febrero, la mayor subida mensual desde marzo del 2022 y la inflación anual se aceleró hasta un 5,06% superando la meta prevista por el ministro de Hacienda, Fernando Haddad, quien dijo que la meta era del 3%
La inflación persistente impulsada especialmente por el alto costo de los alimentos está generando malestar entre los consumidores. La inflación repuntó en febrero debido a presiones estacionales y temporales generando que el aumento de los precios se sitúe por encima del objetivo del 2025.
Los costos de las viviendas subieron significativamente en el mes de febrero, empujados por el aumento de las facturas de los servicios públicos al acabarse los subsidios energéticos, representando el principal motor de la inflación.
A esto se suman los incrementos en educación y en alimentación generando un deterioro importante en la capacidad de compra de los salarios, situación que genera en la población desconfianza y frustración y hacen que el índice de aprobación a la gestión del presidente Lula se hunda, siendo el más bajo en sus tres períodos.
La inflación en alimentos es un tema especialmente sensible, que afecta el poder adquisitivo de las familias, aunque el gobierno ha implementado medidas para contener el alza de los precios, con subsidios y controles temporales, pero los resultados de las medidas no han sido suficientes para aliviar la presión sobre los hogares más vulnerables, generando la percepción de que su gobierno no es capaz de mejorar la situación económica del país.

Muestras que preocupan
Para finales de enero, se registró una evaluación negativa del gobierno que superó a la positiva por primera vez en la serie histórica. Las dos encuestadoras más populares, Datafolia, como la empresa Ques, marcan la caída del gobierno de Lula en trabajos realizados hace un par de semanas atrás.
En San Pablo, Lula obtuvo un 55% de imagen negativa contra sólo un 16% de positiva, al igual que en los estados de Río de Janeiro y Minas Gerais, estado este último, que fue clave para su victoria en 2022.
La mayor desaprobación de la gestión del gobierno Federal se encuentra en Paraná y Goiás, con 59% y 58%, respectivamente, y La valoración positiva más alta se ubican en Pernambuco, con el 33% y en Bahía, con 30%.
Podemos observar una relación entre los resultados de las elecciones municipales desarrolladas el 6 de octubre de 2024 donde la centroderecha se impuso significativamente, derrotando al Partido de los Trabajadores (PT) del presidente Lula da Silva y el descontento general por la política aplicada por el gobierno Federal.

No se trata solo de Bolsonaro
Este 26 de marzo la Primera Sala de la Corte Suprema de Justicia aceptó la acusación formulada por el fiscal general contra el expresidente Jair Bolsonaro, a quien sindica como líder de la organización criminal “Daga verde y amarilla” que promovió el intento de quiebre de la institucionalidad el 8 de enero de 2023.
La estrategia desesperada de Bolsonaro, que podría enfrentar una pena de hasta 40 años de cárcel, y de su clan para poder evitar el encarcelamiento, lo llevan a redoblar sus esfuerzos en las acciones de calle, apuntalando la Movilización por la Amnistía, una amnistía que lo incluya junto al resto de los implicados.
Con la manifestación Bolsonaro buscará presionar a la instancia parlamentaria y a la opinión pública nacional e internacional, ante posibles condenas y asimilar estas acciones al relato de la falta de libertad en el país y a la persecución política.
Al movimiento de calle, se suma una campaña en el exterior denunciando «persecución» política, y una operación mediática y legislativa para meter presión sobre el Congreso para la aprobación de una ley de amnistía.
Bolsonaro cuenta con el apoyo internacional de la administración norteamericana, la CEPAC y las grandes corporaciones de comunicación y el poder de las congregaciones evangélicas pentecostales, pero su capital más importante se encuentra en el deterioro que sobrelleva la gestión del gobierno de Lula, la división dentro del PT y la pérdida de influencia de esta tolda política en los sectores populares de izquierda, evidenciada hace unos meses en los resultados electorales de las elecciones municipales.
Existe la posibilidad de que Bolsonaro transfiera votos a otros candidatos de derecha para las elecciones de 2026, teniendo en cuenta que los resultados de las municipales tampoco lo acompañaron como ellos esperaban, pese a que la extrema derecha se mantiene como una poderosa fuerza opositora.
El bolsonarismo trata de transformar su accionar antidemocrático y golpista en un hecho político victimizándose, exponiendo al accionar de la justicia ante la opinión pública, como una maniobra del gobierno para impedirle su participación electoral en las próximas presidenciales del 2026. De allí la consigna que esgrimen sus seguidores, “Sin Bolsonaro no hay democracia en Brasil”
El Bolsonarismo se destaca como un movimiento de «combate» contrarrevolucionario, con una «ofensiva permanente», su odio y su adoctrinamiento fanático religioso en base a resentimientos sociales y culturales, en diversos sectores sociales, incluyendo el de los agronegocios, las clases medias y los diversos grupos evangélicos, los negacionistas y los reivindicadores de la dictadura militar, lo convierten como ya se ha visto durante su mandato, en una corriente pragmática neofascista.
Bolsonaro es un líder carismático que puede manipular a sus seguidores, fundamentalmente en momentos de crisis, contando con una estructura que tiene una presencia importante dentro de la institucionalidad brasilera, como la militar, la judicial y la parlamentaria, además de cuatro gobernadores y decenas de diputados.
Su estrategia apunta a denunciar por “persecución” al juez Alexandre de Moraes, que ya lo había condenado en otras causas, presionar mediante los gobernadores al Congreso Nacional para que articule instrumentos legales en defensa de una “pacificación” reconciliadora, y potenciar el activismo en las redes sociales donde se benefician de la arquitectura de algoritmos dominada por las big techs, fortaleciendo desde ellas a las movilizaciones convocadas para abril en São Paulo y Belo Horizonte.

Lula de cara a las próximas elecciones
Lula enfrenta varios retos de cara a las próximas elecciones presidenciales que podrían significar la consolidación del proyecto de «Rescatar del hambre a 33 millones de personas y a más de 100 millones de brasileños de la pobreza» y avanzar en las promesas sobre “salario mínimo, desarrollo, transición verde e inclusión”.
Promesas esgrimidas dentro de una estrategia muy cercana a la agenda de la administración Biden y que son diametralmente opuestas a los criterios de la administración Trump, socio fundamental para las exportaciones de su país.
Lula sabe que su salud y su edad, lo deben llevar a pensar seriamente sobre su posible reelección, pero así y todo no descarta ser candidato. Esta situación preocupa a muchos sectores dentro y fuera del PT, pues su «excesiva prudencia y confianza» a la hora de gobernar y su estrategia de «esperar y ver», han sido fuertemente criticadas por las oportunidades perdidas a la hora de enfrentarse con los sectores poderosos del Brasil.
La concepción asistencialista centrada en «entregas» de subsidios, becas, créditos y otros beneficios para ganar en 2026, para muchos están destinadas al fracaso ya que carecen de la agresividad necesarias para enfrentar al fascismo.
Lula necesita implementar cambios significativos en la vida de los trabajadores para asegurar la victoria en 2026, para ello debe revalorizar la importancia de la lucha ideológica constante dentro del partido y generar un cambio en la táctica del gobierno, pasando de compromisos burocráticos a posturas más combativa.
La lucha para desmontar Fake News como el “Pixgate”, que circuló a propósito de que el gobierno grabaría el Pix, que es la forma más popular de pago, a través de QR, una herramienta similar al Mercado Pago, en Brasil, requiere de iniciativa y compromiso por parte de militantes y funcionarios.
De igual manera la lucha contra la especulación con los precios de los alimentos y el acaparamiento y el contrabando requieren de una gran movilización que debata con la población y denuncie a los responsables de maniobras inescrupulosas. La inercia gubernamental no es el camino.
La figura de Lula, generó un triunfo esperanzador para los sectores populares en el marco de la complejidad del escenario político brasileño, donde la derecha imbuida en una soberbia mesiánica, descreyó de las posibilidades de un retorno de su adversario.
Hoy las condiciones son diferentes y la baja disposición a la lucha entre trabajadores y jóvenes complica el panorama para la izquierda, quizás la llegada de Gleisi Hoffman, presidenta del PT, que era diputada, a la secretaría de relaciones institucionales pueda motorizar al partido y al gobierno en aras de los desafíos por venir.
Oscar Rotundo* Analista político internacional. Editor de PIA Global
Este artículo ha sido publicado en ingles en el portal United World International
Foto de portada: UWI Data