En octubre de 2020, los jóvenes de Nigeria salieron a las calles pidiendo la disolución de una unidad policial represiva y abusiva conocida como el Escuadrón Especial Antirrobo (SARS) y por poner fin a la brutalidad con la que actuaba esta unidad. El movimiento que surgió fue bautizado como #EndSARS, gracias al hashtag utilizado como etiqueta de Twiter. Las fuerzas de seguridad respondieron con “fuerza excesiva”. Como saldo de la represión hubo muertos y heridos graves.
«Las autoridades nigerianas deben demostrar claramente que se toman en serio la responsabilidad de los responsables de los abusos contra los manifestantes», dijo Anietie Ewang, investigadora sobre Nigeria. «La falta de justicia fortalecerá la cultura de impunidad y reforzará las percepciones que llevaron a los manifestantes a las calles en primer lugar».
Impulsados por el dolor y unidos por una determinación, los jóvenes nigerianos tomaron las calles para desafiar los hechos que se venían sucediendo como ser, un sin número de ejecuciones extrajudiciales de jóvenes por parte de la unidad policial del Escuadrón Especial Antirrobo (SARS). Las protesta fueron en todo el país, bajo una sensación de camaradería entre los jóvenes, un grito unísono para protestar contra el gobierno. El movimiento fue en gran parte descentralizado y particularmente desprovisto de las tensiones etno-religiosas que usualmente plagan el encuadre de los problemas sociopolíticos de Nigeria.
Una de las peores represiones tuvo lugar en el peaje de Lekki en Lagos, el 20 de octubre, cuando los oficiales del ejército llegaron y rodearon a un gran grupo de manifestantes que realizaban una sentada pacífica. Después de que los soldados se fueron, llegaron los policías y, según múltiples testigos, comenzaron a disparar contra los manifestantes que no lograron huir. Los testigos describieron una escena espantosa con cuerpos ensangrentados y sin vida en el suelo y muchos otros heridos de bala. Los testigos dijeron, en su momento que vieron al menos 15 cuerpos sin vida y que los oficiales militares se llevaron a muchos de ellos.
La justicia nigeriana sigue, aún hoy, sin dar respuestas claras a los acontecimientos sucedidos en 2020. A pesar del lento progreso, aún se podría lograr justicia, pero la cooperación y el apoyo plenos del gobierno federal, el gobierno del estado de Lagos y las fuerzas militares y policiales de Nigeria son fundamentales y no lo están brindando. Los oficiales que han sido convocados por el sistema judicial nigeriano deben testificar y responder. El gobierno del estado de Lagos también debe comprometerse a publicar el informe completo con las conclusiones y recomendaciones del organismo oficial encargado de la investigación. Luego, el gobierno federal debe garantizar que los implicados en abusos contra manifestantes sean llevados ante la justicia.
Más allá de la rendición de cuentas por los abusos durante las protestas de #EndSARS, las autoridades deben abordar los problemas sistémicos que fomentan una cultura de impunidad en el sector de la seguridad e impulsar reformas integrales y significativas para poner fin a los abusos y las injusticias que los nigerianos han experimentado durante mucho tiempo.

Nacimiento del movimiento #EndSARS 2020
La fuerza policial de Nigeria tiene una larga historia negra de conducta poco ética, corrupta y criminal. El “SARS”, fue formado en 1992 para combatir el robo a mano armada y otros delitos violentos, y es especialmente conocido por la brutalidad con la que actuaba contra los ciudadanos. En repetidas ocasiones esta unidad policial fue acusada de cometer los delitos que debía combatir y sus miembros han estado implicados en abusos contra los derechos humanos.
El 3 de octubre de 2020, se viralizó un video en el que la gente dijo que los agentes del SARS acababan de disparar a un joven frente a un hotel en Ughelli, estado de Delta, y huyeron con su vehículo, dejándolo morir al borde del camino. Esto provocó una protesta pública en las redes sociales especialmente en Twitter, en la que se pedía la disolución del SARS utilizando el hashtag #EndSARS. Un grupo de jóvenes liderado por un “influencer” de las redes sociales conocido como Rinu Oduala decidió organizar protestas en Lagos, a partir del 7 de octubre. Miles de personas se les unieron, mientras que otras salieron a las calles en otras ciudades del país, incluidas Abuja, Kano, Ibadan, Port Harcourt y varias más.
En respuesta a las protestas, las autoridades nigerianas disolvieron el SARS el 11 de octubre y asumieron varios compromisos con la justicia, la rendición de cuentas y la reforma policial. Pero mientras se anunciaban estos compromisos, los agentes en las calles atacaban a los manifestantes pacíficos con una fuerza brutal.
“Aparente uso de fuerza excesiva”
Durante las protestas entre el 7 y el 20 de octubre de 2020, en estados como Ogun, Oyo y Lagos, y en Abuja, las fuerzas de seguridad respondieron repetidamente con lo que parecía ser una “fuerza excesiva”, utilizando disparos, carros hidrantes y gases lacrimógenos disparados a quemarropa.
En el incidente más violento, que puso fin a las protestas el 20 de octubre, soldados y policías abrieron fuego contra los manifestantes en la puerta de peaje que conecta Lekki, un suburbio de Lagos, con el principal distrito comercial de la ciudad. Cientos de personas de todos los orígenes se presentaron todos los días, a partir del 10 de octubre. Los manifestantes organizados fomentaron encuentros artísticos y discursos de apoyo a la causa.
El 20 de octubre, el gobernador Babajide Sanwo-Olu anunció un toque de queda en todo el estado a partir de las 16 horas, que luego fue extendido hasta las 21, para restablecer el orden. Aunque algunos manifestantes en la puerta de peaje de Lekki se fueron tras el anuncio del toque de queda, muchos se quedaron. «Para nosotros, el toque de queda significaba que deberíamos permanecer en el lugar y no movernos por Lagos, y estábamos preparados para hacer eso precisamente», dijo Akin Olaoye, uno de los organizadores.
Algunas personas en el lugar dijeron que entre las 18:30 y las 19, hombres vestidos con uniformes militares llegaron en camiones y empezaron a disparar al aire en principio y luego directamente contra los manifestantes. Mientras los soldados se acercaban a los manifestantes, los organizadores les dijeron a las personas que se reunieran, se sentaran en el suelo y ondearan sus banderas para demostrar que estaban en paz.
Aproximadamente entre 40 minutos y una hora después de que los militares llegaran y comenzaran a disparar, llegaron más soldados liderados por un oficial superior, el general de brigada del ejército FO Omata. «Omata subió al escenario, tratando de calmar a la gente», dijo un manifestante. «Pidió a la gente que se fuera, diciendo que había un toque de queda, pero nosotros respondimos diciéndole que no íbamos y preguntándole por qué nos estaban matando», dijo un hombre que había formado parte del equipo de seguridad en la puerta de peaje.
Luego de la represión se pudo observar a oficiales militares con linternas recogiendo casquillos de bala y balas. “Vi a los soldados recogiendo las balas una a una para poder encubrir lo que hicieron”, dijo un manifestante. Una organizadora de la protesta dijo que también recogió balas para guardarlas como prueba, incluidos seis casquillos y una bala “viva”.
El ejército nigeriano respondió a la noticia del tiroteo etiquetando publicaciones sobre el incidente como noticias falsas en todas sus cuentas de Twitter verificadas.
Más tarde, durante una sesión del panel a cargo de la investigación judicial de Lagos el 8 de noviembre de 2020, el comandante de la brigada de inteligencia militar de la 81a división, Ibrahim Taiwo, declaró que los oficiales en el lugar tenían balas de fogueo y vivas y solo dispararon a los focos después de fueron atacados por “matones” que les arrojaron piedras e hirieron a un soldado en los labios.

Después del ejército llega la policía
Una hora después de la partida de los soldados, unos 15 agentes de policía llegaron en camiones y empezaron a disparar contra algunos de los manifestantes que aún permanecían en el lugar. Fueron dirigidos por el comandante de la estación, dijeron testigos, y la mayoría vestía de manera informal con pantalones verdes y camisetas o chaquetas negras, el atuendo típico de los oficiales del SARS.
En respuesta a las protestas, la policía arrestó a decenas de manifestantes y los mantuvo incomunicados durante muchas horas o días, les negó el acceso a abogados y presentó cargos falsos contra varios de ellos. Adetola Onayemi y Modupe Odele, dos jóvenes abogados que establecieron el Programa de Asistencia Legal EndSARS, dijeron que recibieron informes de que 352 manifestantes fueron arrestados durante las protestas en octubre de 2020 y que han ayudado a asegurar la liberación de 337 manifestantes. “Vimos en los casos que manejamos que los comandantes de policía son tan poderosos y no hay un sistema central de rendición de cuentas, por lo que los oficiales de policía pueden hacer lo que quieran con las personas que arrestan, pueden transferirlas a cualquier lugar o incluso matarlas”, dijo Odele. “Por eso intentamos enviar abogados lo más rápido posible. Esos primeros minutos son cruciales o, de lo contrario, las personas pueden perderse o desaparecer en el sistema».
Otras medidas punitivas como represalia
Las autoridades nigerianas congelaron las cuentas bancarias de individuos y grupos que donaban, recolectaban o desembolsaban fondos para apoyar a los manifestantes y restringieron los viajes a los partidarios de las protestas.
Los medios de comunicación fueron multados por utilizar imágenes de las redes sociales en su cobertura de las protestas, y funcionarios del gobierno en repetidas ocasiones pidieron una regulación gubernamental de las redes sociales, citando el papel que jugaron plataformas como Twitter para impulsar el apoyo a las protestas. En junio de este año, las autoridades nigerianas prohibieron el acceso a Twitter después de que la plataforma de redes sociales eliminara un tweet del presidente Buhari que, según dijo, violaba sus reglas. Al intentar justificar la prohibición, el ministro de información de Nigeria citó el papel que desempeñó Twitter en el movimiento #EndSARs.

#EndSARS, ¿fue una verdadera revolución?
Las secuelas de las protestas han tenido un efecto polarizador en los nigerianos. Para algunos, la lucha está lejos de terminar, pero temen más derramamiento de sangre. Y para otros, esa perspectiva reafirma su creencia inicial de la relación superficial del público con el radicalismo. En su libro, The Anatomy of Revolution, el historiador estadounidense Crane Brinton compara la revolución con una fiebre. Y al igual que una fiebre, una revolución puede ser algo bueno. Como dice Brinton: «La fiebre quema los gérmenes malvados, como la revolución destruye a los malvados y las instituciones dañinas e inútiles». En este sentido, una revolución a menudo logra un resultado positivo para el sobreviviente, pero la supervivencia no es tarea fácil. Las revoluciones no ocurren de la noche a la mañana y las consecuencias perduran en el tiempo y en el cuerpo de lo revolucionarios.
En diciembre de 2010, Mohammed Bouazizi, un comerciante callejero tunecino, se prendió fuego en protesta contra la policía que se apoderaba de su carrito de frutas y verduras. El acto de sacrificio de Bouazizi catalizó la Revolución Jazmín en Túnez y, finalmente, la Primavera Árabe, una ola de protestas, levantamientos y disturbios en el norte de África y Oriente Medio, que terminó derrocando a los gobiernos de Túnez, Egipto, Libia y Yemen y sacudió a otros tantos que hasta ahora tambalean en el poder.
Sin embargo, esto no tuvo un precio justo: desde la caída del líder libio Muammar Gadaffi en Libia, el país ha sido devastado por la guerra civil. Del mismo modo, Yemen se sumió en un sangriento conflicto civil después de que el presidente Ali Abdullah Saleh se viera obligado a dimitir. En Siria, el presidente Bashar al-Assad se ha mantenido en el poder a pesar de un levantamiento nacional contra su gobierno, a costa de cientos de miles de sirios muertos y el desplazamiento de millones.
En este contexto, puede ser fácil atribuir las muertes en la masacre de Lekki, y durante las protestas en general, a las consecuencias esperadas de tal levantamiento, es el precio a pagar en una revolución también, pero muchos no comprenden este punto de vista. Por un lado, el clima sociopolítico de Nigeria se ha deteriorado drásticamente desde entonces. En todo el país, ha habido un aumento de la violencia y la inseguridad, una crisis de hambre y una continua supresión de la libertad de prensa. Las consecuencias de los procesos revolucionarios, aún por pequeños que parezcan, dejan secuelas. Las sociedades pos revolucionarias no vuelven a ser las mismas.
Hannah Arendt describe la revolución como una “restauración”, en la que los rebeldes buscan restaurar las libertades y privilegios de los ciudadanos que se han perdido debido al breve deslizamiento del gobierno hacia el autoritarismo. Esencialmente, las protestas por el fin del SARS eran inevitables. En Nigeria, años de violencia desenfrenada y total desprecio por la vida de los ciudadanos indudablemente generaron el descontento que estalló en la justa furia nacional el año pasado.
Aun así, el movimiento enseñó algunas lecciones positivas. En primer lugar mostró a un pueblo que encontró en la unidad la fuerza de su lucha. En todo el país, los jóvenes nigerianos se reunieron con el objetivo común de poner fin a la intimidación, la opresión y la brutalidad policial. El frente único fue lo que aseguró que las protestas se mantuvieran durante todo el tiempo que lo fueron. También mostró que es posible tener una sociedad civil transparente y responsable que responda a las necesidades de sus ciudadanos.
De cara al futuro, la única forma de avanzar es una reforma completa de Nigeria, es la unidad y la lucha mostrada por #EndSARS, la podredumbre no comienza y termina con las operaciones ilegales de una unidad policial deshonesta solamente, sino que se propaga por todas las facciones dentro de la sociedad nigeriana que permiten y recompensan el abuso de poder y el uso desproporcionado de la fuerza. .
Sólo una profunda apreciación del hecho de que las revoluciones involucran situaciones de vida o muerte puede generar las disposiciones mentales necesarias para liderar una revolución con éxito. En las revoluciones, las medidas a medias son inútiles y contraproducentes, se debe ir hasta las últimas consecuencias por dolorosas que sean. Entonces, ¿Quién está listo para hacer todo lo posible para derrocar estos sistemas de control? Frente a una resistencia violenta y fatal, ¿quién está dispuesto a defender su posición? ¿Quién es lo suficientemente valiente para rebelarse?
Sin dudas en el primer aniversario de #EndSARS estas preguntas arrojan más dudas que certezas, pero el camino ya mostró una luz, las muerte no serán en vano si la lucha por una Nigeria mejor se continua en el tiempo, se sostiene en los cuerpos de los caídos en 2020 y en la memoria de aquellos que hoy levantaron nuevamente la bandera nigeriana en honor a la sangre derramada hace exactamente un año atrás.
*Beto Cremonte es periodista, Comunicador Social y docente en la Facultad de Comunicación Social de La Plata (U.N.L.P), estudiante avanzado de la Tecnicatura Universitaria en Comunicación Pública y Política de la Universidad Nacional de La Plata (U.N.L.P)