SAHARA OCCIDENTAL: LA LUCHA DE UN PUEBLO DESTERRADO Y PERSEGUIDO

Por Ana Dagorret*- La República Saharaui tiene un gobierno elegido democráticamente que gobierna desde el exilio y con recursos escasos, en su mayoría provenientes de la solidaridad internacional. Sin embargo, el blindaje mediático impuesto por Marruecos junto con la presión diplomática para silenciar los debates al respecto trabajan para impedir la visibilización de esa realidad que ya cumple más de cuatro décadas.

Este 27 de febrero se cumplieron 45 años de la fundación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), la última colonia de África bajo ocupación de Marruecos. La historia del pueblo saharaui, diferente a la de otros pueblos expulsados de sus tierras, no aparece entre las más contadas por los grandes medios de comunicación del mundo. A su vez, no figura entre los asuntos más discutidos por la comunidad internacional, así como tampoco en los planes de estudio de las carreras de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de las universidades más prestigiosas.

Aún siendo ignorado por la diplomacia de los países centrales y por la propia organización de Naciones Unidas en connivencia con la monarquía marroquí, el pueblo saharaui ha logrado cosechar una inmensa solidaridad internacional. Esto resulta fundamental tanto para la continuidad de la resistencia como para la supervivencia de los cientos de miles de saharauis que viven en campos de refugiados en Argelia, quienes dependen de ayuda humanitaria en un contexto de temperaturas extremas típicas del desierto del Sahara.

Quienes lograron escapar de la represión sobreviven en los asentamientos ubicados en territorio argelino, donde la capacidad de organización del gobierno saharaui garantiza la salud, alimentación y educación de todos sus miembros. Actualmente, unas 300 mil personas permanecen en condición de refugiados en estos campamentos. 

Quienes, por el contrario, permanecieron en los territorios ocupados, deben tolerar el hostigamiento, la persecución, la censura, prisión y tortura del régimen marroquí, siendo impedidos de trabajar y desarrollarse plenamente. Aún tratándose de un país reconocido por más de 80 países y con un referendum pendiente desde 1991, la situación del Sahara Occidental parece no interesar a las grandes potencias, que dan la espalda y hasta censuran cualquier discusión pública al respecto. 

Campamento de refugiados saharauis en territorio argelino.

CONTEXTO HISTÓRICO

 

La región del Sahara Occidental fue una colonia española a lo largo de un siglo, desde 1884. Fue a partir de 1963 que el proceso de descolonización comenzó. Sin embargo, la retirada de España no se concretó hasta 1975, año en que el gobierno español encabezado por el dictador Francisco Franco negoció ceder dicho territorio a la monarquía que gobierna Marruecos.

Para 1970 y aún bajo ocupación española, la iniciativa de autodeterminación del pueblo saharaui ya comenzaba a evidenciarse. El movimiento nacionalista creado por estudiantes universitarios en ese año no tuvo éxito, pero fue el antecedente a la creación del Frente Popular por la Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro, más conocido como Frente Polisario, en el año 1973. 

La invasión de Marruecos y Mauritania reivindicando la soberanía sobre el territorio desencadenó un conflicto armado con el Frente Polisario, movimiento que desde 1979 es considerado por las Naciones Unidas como el legítimo representante del pueblo saharaui. Si bien el 27 de febrero de 1976 el Frente Polisario consiguió una importante victoria política al proclamar la República Árabe Saharaui (RASD), las pretensiones expansionistas de los vecinos llevaron a que se desencadene un conflicto armado que duró 16 años y dejó como saldo cientos de miles de refugiados, presos políticos y saharauis asesinados.

En el año 1975 y tras gran resistencia del gobierno español por abandonar Sahara Occidental, la ONU encomendó a la Corte Internacional de la Haya que se manifestara acerca del territorio. El 16 de octubre de ese año, dicha corte determinó que el Sáhara Occidental no tenía vínculos de soberanía ni con Marruecos ni con Mauritania.

Contrariado con el dictamen e impulsado por su deseo expansionista, el rey Hasan II de Marruecos ordenó la invasión del territorio en lo que denominó como Marcha Verde y que contó con la participación de 350 mil marroquíes así como también de alrededor de 25 mil militares.

La retirada de España del territorio fue en verdad la firma del Acuerdo Tripartito de Madrid en noviembre de ese año entre la corona española, Marruecos y Mauritania, en el cual la hasta entonces colonia española era cedida a los dos países africanos que limitan con el territorio. Si bien la resolución S/2002/161 de Naciones Unidas establece que dicho acuerdo no transfirió ni otorgó a ninguno de los firmantes el estatus de potencia administradora, lo cierto es que luego de la firma de dicho acuerdo ambos países se adjudicaron la soberanía del territorio.

La invasión derivó en una guerra entre marroquíes y mauritanos contra saharauis que duró 16 años y que tuvo como consecuencia el asesinato y el exilio de cientos de miles de personas. Mauritania pronto percibió que el conocimiento del desierto así como la táctica de guerra de guerrillas de los saharauis beneficiaba a los locales, motivo por el cual decidió dejar de lado sus pretensiones de anexión. No fue el caso de Marruecos, que a lo largo de los 16 años que duró la guerra logró introducir fuerzas militares y colonos, expulsando a los saharauis y sometiendo a quienes permanecían a un régimen de persecución y tortura.

La construcción del muro minado más grande del mundo (llamado de The Berm) por parte de Marruecos, con 2720 kilómetros y cerca de ocho millones de minas enterradas en el desierto es el paisaje de la prisión a cielo abierto en la que vive el pueblo saharaui. Dicha estructura separa los territorios ocupados por Marruecos de lo que se conocen como territorios liberados, donde cientos de personas mueren cada año debido a las explosiones de minas y donde el ejército marroquí controla la circulación en bases ubicadas a dos kilómetros de distancia una de otra y a lo largo de todo el muro.

The Berm es el muro construído por Marruecos que divide los territorios ocupados de las zonas liberadas.

Para el año 1991 y a partir de la mediación de la ONU, Marruecos y el Frente Polisario llegaron a un acuerdo de cese al fuego. La iniciativa también incluía la realización de un referéndum para que el pueblo saharaui determine su voluntad en las urnas y la creación por parte del Consejo de Seguridad de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) con el mandato de supervisar el alto el fuego y garantizar que se realicen las elecciones.

Sin embargo, la presencia de MINURSO en el territorio no logró que se convoquen los comicios así como tampoco frenó las violaciones de derechos humanos contra saharauis perpetradas por las fuerzas marroquíes.

 

LA RESISTENCIA

Aún con parte importante de su población viviendo en el exilio, el pueblo saharaui representado por el Frente Polisario ha logrado establecer una organización social, política y económica en los campos de refugiados, con la construcción de hospitales, escuelas y hasta universidades.

Las temperaturas extremas así como la imposibilidad de cultivar debido a la aridez del territorio hacen que los campamentos sobrevivan gracias a la ayuda humanitaria que llega desde diferentes países. Aún en condiciones adversas, no existe miseria y analfabetismo, realidad en la cual las mujeres tienen una gran responsabilidad.

Las mujeres saharauis son uno de los mayores símbolos de resistencia, con una historia de organización que es anterior a la conformación del Frente Polisario en 1973, creado para defender la lucha y libertad del pueblo saharaui pero también con el fin de garantizar la igualdad de género.

Las mujeres saharauis son fundamentales en la lucha por la autodeterminación del pueblo de Sahara Occidental.

Con el comienzo de la ocupación marroquí, las mujeres saharauis fueron quienes se ocuparon de construir y organizar los campos de refugiados en Argelia, fuente del sustento del gobierno y del movimiento en el exilio. En un artículo publicado en 2018, el activista brasileño por la causa saharaui Sayid Marcos Tenorio explica que en la resistencia contra la ocupación nació la Unión Nacional de Mujeres Saharauis, estructurada en Casas de la Mujer y con sede en cada uno de los campos de refugiados.

Desde esta perspectiva se plantea la idea de que la autodeterminación de los pueblos es también la autodeterminación de las mujeres, concibiendo a la religión Islam sin discriminación de género y con un alto contenido de enfrentamiento de las injusticias. En ese sentido, los relatos de quienes visitaron los campamentos son contundente: no existe violencia de género así como tampoco existe violencia doméstica en las comunidades saharauis, lo cual da cuenta de la importancia y del respeto del cual gozan las mujeres que forman parte de este pueblo.

Tras 45 años de historia y persecución, el pueblo saharaui no se rinde. La hostilidad de parte de la monarquía marroquí tiene como objetivo el saqueo de los recursos naturales del territorio, rico en gas, petróleo y fosfato (utilizado para fabricar fertilizantes y explosivos) así como también la explotación de la pesca al ser el Sahara Occidental la costa pesquera más rica de África. 

La solidaridad internacional, si bien ha disminuido después de la crisis del 2008 y recientemente ante la pandemia de la covid 19, no se reduce a ayuda humanitaria en forma de alimentos. Los gobiernos de Cuba y Venezuela, comprometidos con la autodeterminación de los pueblos del mundo, establecieron convenios para el envío de brigadas de médicos y educadores, así como también la apertura para la llegada de estudiantes saharauis para su formación universitaria en ambos países.

En un evento organizado por la Asociación de Solidaridad a la Lucha por la Autodeterminación del Pueblo Saharaui de Brasilia, el embajador en el país Emboirik Amed afirmó que el pueblo saharaui lo único que quiere es su independencia. Marruecos no es un adversario confiable porque ellos sólo van a aceptar la rendición del Frente Polisario.

A diferencia del ejército de Marruecos, cuyo arsenal militar es superior y cuenta con el apoyo estratégico de países como España, Francia y Estados Unidos, el pueblo saharaui no cuenta con la misma estructura. Sin embargo, la identidad de lucha construida a lo largo de 45 años de exilio y persecución muestran la fuerza pulsante por la autodeterminación. Los soldados marroquíes están luchando por dinero, nosotros luchamos por nuestra libertad y cuando llegue la hora de ir a la guerra estaremos preparados afirman activistas por la causa saharaui tanto en territorio ocupado como en los campos de refugiados. En un contexto de persecución y silenciamiento, la lucha saharaui continúa presente. 

 

*Ana Dagorret es periodista, corresponsal en Brasil, analista internacional y miembro del equipo de PIA Global.