Asia

Puerto de Baluchistán: el interés estratégico de Estados Unidos y la nueva pulseada por Asia del Sur

Por PIA Global*- En el corazón de una de las regiones más inestables del mundo, Estados Unidos busca abrirse paso hacia el estratégico Mar Arábigo a través de una jugada que podría reconfigurar las dinámicas geopolíticas de Asia del Sur.

Se trata del proyecto de construir un nuevo puerto en el distrito de Pasni, en la provincia paquistaní de Baluchistán, una zona que limita con Afganistán e Irán y que ha sido foco de tensiones internas y rivalidades internacionales durante décadas.

Según el Financial Times, asesores del jefe del ejército de Pakistán, el mariscal de campo Asim Munir, se acercaron recientemente a funcionarios estadounidenses para proponer que inversores de Estados Unidos construyan y administren el puerto, que serviría como puerta de salida de los minerales críticos del país, codiciados por las grandes potencias industriales.

Esta iniciativa habría sido discutida durante la reunión en la Casa Blanca entre Donald Trump, Shehbaz Sharif y Munir el pasado septiembre, donde Islamabad buscó inversiones estadounidenses en sectores como agricultura, minería, energía y tecnología.

Contención regional

El interés de Washington no es casual: la disputa global por los minerales estratégicos —litio, cobre, cobalto, entre otros— se ha convertido en un eje central de la competencia entre potencias. China, que controla gran parte de las cadenas de suministro de estos recursos, ha invertido miles de millones de dólares en el desarrollo del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), incluyendo el puerto de Gwadar, ubicado apenas a unos 100 kilómetros del nuevo proyecto propuesto.

Sin embargo, a pesar del impulso de Pekín, el puerto de Gwadar no ha alcanzado el nivel de desarrollo esperado: enfrenta una infraestructura deficiente, amenazas de seguridad constantes y el rechazo de grupos locales separatistas.

En este contexto, la propuesta pakistaní a Estados Unidos parece un intento por equilibrar la balanza entre los dos gigantes globales, buscando inversiones que contrarresten el dominio chino y reduzcan su propia dependencia económica.

Para Washington, el interés va más allá de lo económico. Un puerto en Baluchistán le daría a Estados Unidos un punto de apoyo en el Mar Arábigo, a escasos 160 kilómetros de Irán, ofreciendo una posición ideal para monitorear los movimientos en Asia Central y el Golfo Pérsico. Además, fortalecería su presencia en una región donde China, Rusia e Irán han avanzado en cooperación militar y energética, desplazando gradualmente a la influencia occidental.

Expertos como Amit Ranjan, de la Universidad Nacional de Singapur, sostienen que el puerto sería también una “gran prueba para las habilidades diplomáticas de Pakistán”, obligado a equilibrar cuidadosamente su relación con Washington sin poner en riesgo sus vínculos con Pekín. La reacción china, de concretarse este proyecto, sería previsible: vería el puerto como una amenaza directa a su influencia en el CPEC y una intrusión estadounidense en una zona que considera parte de su esfera estratégica.

La profesora Sriparna Pathak, de la Universidad O.P. Jindal de India, también advierte que Estados Unidos aprovecharía esta oportunidad para diversificar sus cadenas de suministro lejos de China, en línea con su estrategia de “reindustrialización nacional” y control de recursos críticos. En este sentido, el puerto de Pasni sería tanto un proyecto logístico como un instrumento geopolítico de contención hacia China, Rusia e incluso Irán.

Reacciones de la India

Por su parte, India observa el movimiento con cautela. Si bien un puerto administrado por empresas estadounidenses no representaría una amenaza directa, sí reconfiguraría el mapa marítimo del subcontinente, al ofrecer a Pakistán una alternativa viable al puerto de Karachi. Esto podría limitar la capacidad de Nueva Delhi de imponer bloqueos o presiones en caso de un conflicto bilateral.

En paralelo, las tensiones internas en Baluchistán representan un desafío de primer orden. La región ha sido escenario de movimientos separatistas, atentados y ejecuciones extrajudiciales, además de una fuerte presencia militar pakistaní.

La inseguridad ha sido un obstáculo para las inversiones extranjeras, y el nuevo puerto no sería la excepción: los intereses estadounidenses podrían alimentar aún más las rivalidades locales, al percibirse como un intento de control externo sobre los recursos naturales del territorio.

El investigador Daniel Markey, del Centro Stimson, señala que el éxito del proyecto dependerá del desarrollo de grandes operaciones mineras, lo cual está lejos de estar garantizado. “Sin el éxito minero, el puerto no tendrá sentido”, afirma, subrayando la dificultad histórica de operar en una provincia tan volátil y aislada.

La jugada estadounidense en Baluchistán es mucho más que un simple proyecto portuario: es una apuesta por recuperar influencia en una región donde China ha avanzado silenciosamente durante dos décadas.

Sin embargo, el tablero está lejos de ser estable. Islamabad busca desesperadamente inversiones y reconocimiento, pero corre el riesgo de convertirse en campo de disputa entre potencias rivales, mientras su frágil equilibrio interno se resquebraja.

El puerto de Pasni podría convertirse en una nueva puerta de entrada para los intereses estadounidenses en el corazón del Asia continental… o en otro símbolo más de las promesas incumplidas que deja la geopolítica del Mar Arábigo.

*Foto de la portada: Xinhua

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