Asia Eurasia

Moscú y Astaná refuerzan su eje tras las tensiones por la visita a Washington

Por PIA Global * – La cumbre entre Vladímir Putin y Kasym-Zhomart Tokáyev en Moscú ha servido para reafirmar, en los hechos y en el discurso, que la alianza ruso-kazaja sigue siendo uno de los pilares de estabilidad en Asia Central

Pese a las turbulencias generadas por la reciente visita del mandatario kazajo a Washington. Aquella reunión con autoridades estadounidenses encendió las alarmas en el Kremlin, que interpretó el gesto como un posible desliz hacia la órbita occidental. Sin embargo, el encuentro de alto nivel en el Kremlin vino a disipar las dudas: Kazajistán sigue comprometido con su papel como socio estratégico de Rusia en el espacio euroasiático.

Putin fue claro desde el inicio: “Rusia es uno de los principales socios económico-comerciales de Kazajistán y ocupa el primer lugar en términos de inversiones, estimadas en más de 27.000 millones de dólares”. Este dato no es menor, pues muestra que Moscú no solo conserva su influencia política y militar en Astaná, sino también un peso económico determinante.

El comercio bilateral alcanzó los 27.800 millones de dólares en 2023 y ya suma 20.000 millones en los primeros nueve meses de 2025. Ambos mandatarios firmaron además la Declaración sobre la Asociación Estratégica Integral, que eleva sus relaciones a un nivel superior de integración económica, tecnológica y energética.

Putin destacó que casi el 100% de las transacciones bilaterales se realizan en monedas nacionales, un gesto de soberanía económica que los distancia del dólar y de la inestabilidad que promueve el sistema financiero occidental. “Esto crea condiciones de estabilidad para los participantes en la actividad económica”, subrayó el líder ruso.

En un contexto donde Estados Unidos busca fragmentar el espacio post-soviético mediante sanciones, acuerdos militares y presión diplomática, el hecho de que Astaná y Moscú consoliden un esquema comercial en rublos y tenges es una señal política de primer orden.

Tokáyev, por su parte, reafirmó el compromiso de su país con la cooperación estratégica: “La asociación con Rusia no es una figura retórica ni un gesto de cortesía política. Nos tomamos en serio nuestras obligaciones. Sí, surgen discrepancias, pero siempre encontramos soluciones”, declaró en tono conciliador. Con ello, el presidente kazajo envió un mensaje inequívoco tanto a Occidente como a su propia élite política: la independencia de Kazajistán no implica alejamiento de Rusia, sino equilibrio y pragmatismo.

Entre los acuerdos más destacados de la cumbre figura el proyecto de construcción de una planta de energía nuclear en Kazajistán en cooperación con la corporación rusa Rosatom, calificado por Tokáyev como “un proyecto revolucionario”. Este megaproyecto no solo simboliza la confianza tecnológica entre ambos países, sino que coloca a Astaná en el mapa de la energía nuclear civil, con garantías de seguridad y transferencia de conocimientos desde Moscú.

La cooperación regional también fue tema central. Putin subrayó que cerca de diez regiones rusas mantienen una colaboración directa con casi todas las regiones kazajas, lo que refuerza la conexión territorial y productiva entre ambas naciones. Además, ambos mandatarios coincidieron en seguir trabajando de manera conjunta dentro de marcos multilaterales como la Unión Económica Euroasiática y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), pilares del orden multipolar impulsado por Moscú frente a la hegemonía occidental.

Tokáyev, consciente de las sospechas generadas tras su acercamiento a Washington, utilizó esta visita para reafirmar la posición de Kazajistán como factor de estabilidad regional. Su mensaje fue calculado: el país seguirá cooperando con todos los actores globales, pero no renunciará a su alianza estratégica con Rusia. De hecho, planteó un nuevo objetivo económico: llevar el comercio bilateral a 30.000 millones de dólares, algo que considera “realista y alcanzable en el corto plazo”.

La cumbre Tokáyev-Putin simboliza el delicado arte del equilibrio geopolítico en el corazón de Eurasia. Kazajistán busca afirmarse como potencia regional sin romper con ninguno de los polos de poder, pero Moscú no está dispuesto a perder influencia en su frontera sur.

En medio de la presión estadounidense y el cerco económico impuesto por Occidente, Rusia refuerza su red de alianzas estratégicas en Asia Central, y Tokáyev parece haber comprendido que su papel no es el de un peón, sino el de un mediador indispensable.

*Foto de la portada: Reuters

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