Asia

Los aranceles de EE.UU. empujan a Malasia a un ajuste impopular

Por PIA Global*- Malasia entra en una etapa de fuertes tensiones económicas mientras se aproxima la presentación del presupuesto nacional el próximo 10 de octubre.

El primer ministro y ministro de Finanzas, Anwar Ibrahim, deberá equilibrar la urgencia de sostener el crecimiento con la necesidad de aplicar restricciones fiscales en un escenario cada vez más complejo.

Los altos aranceles impuestos por Estados Unidos —que alcanzan un 19 % sobre las exportaciones malasias— ya están comenzando a afectar el dinamismo de la economía, reduciendo el margen de maniobra del gobierno para implementar medidas populistas o de amplio alcance.

Un panorama económico cada vez más estrecho

El golpe arancelario ha impactado de lleno en el corazón de la economía malasia: las exportaciones. Productos eléctricos, electrónicos, muebles y químicos, que constituyen gran parte de su comercio exterior, han visto reducirse la demanda estadounidense, su mercado prioritario.

Aunque en un primer momento se registró un aumento de exportaciones por los pedidos adelantados para esquivar los gravámenes, los economistas advierten que el efecto se revertirá a partir del cuarto trimestre de 2025, cuando la realidad de los nuevos aranceles quede instalada en el comercio bilateral.

Bank Negara Malaysia ya ajustó a la baja sus proyecciones de crecimiento, situándolas en un rango del 4 al 4,8 %, frente al 4,5 al 5,5 % proyectado previamente. Esta desaceleración compromete la capacidad del Estado para aumentar el gasto sin deteriorar aún más las finanzas públicas, que arrastran déficits desde la crisis financiera asiática de 1998.

El dilema de los subsidios

En un contexto de estrechez fiscal, la administración de Anwar se ha visto obligada a retirar gradualmente los subsidios generalizados que sostenían parte del consumo popular. En septiembre se eliminarán los subsidios a la gasolina, medida que se suma a la ya anunciada eliminación de descuentos en electricidad y diésel.

Estas decisiones, aunque liberan miles de millones de ringgit en recursos estatales, han sido profundamente impopulares entre la población.

El presupuesto de octubre será también una prueba política para Anwar Ibrahim. Con dos años restantes en su mandato, las presiones para anunciar medidas populares son intensas. Sin embargo, los expertos advierten que un aumento del gasto generalizado podría minar la credibilidad fiscal del país a largo plazo.

Economistas como Muhammad Saifuddin Sapuan sostienen que, aunque relajar las reglas fiscales puede impulsar el consumo en el corto plazo, representa un riesgo de mayor vulnerabilidad financiera en el futuro.

La alternativa sería optar por medidas más focalizadas, dirigidas a las familias de ingresos bajos y medianos, en lugar de subsidios universales que presionan el presupuesto sin diferenciar necesidades.

Sectores estratégicos y oportunidades

El gobierno ha dejado entrever que el presupuesto incluirá incentivos y apoyo específico para pequeñas y medianas empresas, además de inversiones en sectores estratégicos como semiconductores, vehículos eléctricos y tierras raras.

Estos campos se consideran vitales para reposicionar a Malasia en la economía global, reduciendo su dependencia del comercio con Estados Unidos y acercándose más a los flujos económicos asiáticos, en particular con China.

No obstante, la tensión entre impulsar el crecimiento a través de la inversión productiva y mantener controlado el déficit sigue siendo el principal obstáculo. El objetivo oficial de reducir el déficit al 3,8 % del PIB en 2025, frente al 4,1 % del año anterior, choca con la realidad de una economía que no crece al ritmo esperado.

El reto de Anwar Ibrahim será presentar un presupuesto que logre conciliar tres frentes contradictorios: la presión de los aranceles estadounidenses, la necesidad de disciplina fiscal y la exigencia social de alivio económico. Las decisiones que adopte no solo marcarán el rumbo inmediato de Malasia, sino también su capacidad de resistir a la inestabilidad que se cierne sobre el sudeste asiático en un contexto global de reconfiguración económica.

El margen de error es mínimo: una apuesta equivocada podría erosionar aún más la legitimidad de su gobierno y abrir el terreno a nuevos intentos de desestabilización.

*Foto de la portada: REUTERS/File Photo

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