Colaboraciones Norte América

La sorpresa de Alaska y los BRICS

Por Viktoria Nikíforova*. –
Algunas de las acciones de Rusia en el período previo a la reunión de Alaska fueron simplemente imposibles de pasar por alto: por ejemplo, el levantamiento de la moratoria al despliegue de misiles de mediano y corto alcance; el desmoronamiento del frente ucraniano, del que huyen desmoralizada las tropas de Kíev; nuestros éxitos económicos, a pesar de todas las sanciones.

Todo esto, en conjunto, influyó sin duda en la decisión del presidente estadounidense, quien necesitó urgentemente hablar con Vladimir Putin. Pero también hubo procesos menos visibles que obligaron a Estados Unidos a negociar.

Washington, aturdido por su propia propaganda, comprendió de repente que la Rusia “aislada” no estaba sola. Sus aliados estratégicos, que la apoyan en todos sus esfuerzos, son los países más grandes, ricos e influyentes del mundo.

Basta con observar con quién habló el presidente Vladimir Putin antes y después de las conversaciones con Steven Witkoff en el Kremlin. Conferenció con los líderes de China, India y Brasil, y recibió al presidente de los Emiratos Árabes Unidos. Todos estos son países BRICS y, como podemos ver, se inspiran en el éxito de Rusia y están respondiendo con una fuerza inesperada a la presión estadounidense. Por primera vez en su historia, los miembros de la asociación no se alejan de formulaciones políticas inequívocas, sino que se oponen con valentía a la hegemonía que desciende desde arriba.

China asestó un golpe contundente al complejo militar-industrial estadounidense al limitar la exportación de tierras raras en respuesta a los aranceles, y confirmó su compromiso de amistad con Rusia. Putin discutió una estrategia para oponerse conjuntamente a las políticas arancelarias y de sanciones estadounidenses con el presidente de Brasil. El enfoque independiente de los Emiratos Árabes Unidos, el actor más influyente en el mercado de hidrocarburos no ha cambiado ni un ápice.

Un motín inesperado en el barco fue el desatado por India, para la cual los anglosajones tenían grandes planes. En Nueva Delhi, consideraron el intento de sancionar el comercio con Rusia como un ataque directo a su soberanía y recordaron que Bharat aspira a convertirse en una superpotencia y que “algunos mandamás” (cita literal) no son los jefes del país. Este es un giro sorprendente, ya que los BRICS siempre se han centrado exclusivamente en la economía. El bloque evitó hablar de política, no quería antiamericanismo e insistió en que buscaba comerciar, no luchar contra Occidente. Los líderes de la alianza han explicado repetidamente a la clase dirigente occidental que los BRICS no tienen planes insidiosos contra el dólar, que está cayendo y perdiendo su atractivo según las leyes de la economía y no por las maquinaciones de Putin, Modi y Xi.

No querían oírlo del otro lado del océano. Al principio de su mandato, Trump amenazó a los miembros del BRICS con enormes aranceles y obligaciones si conspiraban contra el dólar. En fin. Se aprobaron aranceles y obligaciones, en una cantidad menor a la anunciada, pero aun así bastante impresionante. ¿Y qué hay del dólar? Mientras tanto siguió cayendo y la economía estadounidense acentuó su estancamiento.

Acción equivale a reacción. Sin la presión estadounidense, los países BRICS habrían jugado al cisne, al cangrejo de río y al lucio[1] durante mucho tiempo. Pero ahora simplemente no les queda otra opción que consolidar y coordinar sus acciones en la lucha por la soberanía económica, política y militar.

Washington intentó extrapolar sus relaciones con Europa al mundo entero. Sin embargo, no funcionó. Los recursos, la demografía, la industria: todo esto en los países BRICS es mucho mejor que en la UE. Así que organizaron un festival de desobediencia y Rusia se convirtió en un ejemplo para ellos. Nuestro país demostró brillantemente que es posible resistirse a Occidente. Esta arriesgada aventura puede liberarnos del dictado económico ajeno y conlleva una enorme cantidad de beneficios y ventajas.

El Tío Sam, con sus sanciones, se encontró en la posición de aquel tonto que, según el cuento popular ruso, atrapó al oso.

—¡Arrástralo aquí! —le gritan los cazadores—.

—¡No puedo! No me deja.

Y en realidad, ¿Qué puede hacer Washington contra las economías más poderosas del mundo? ¿Cómo pueden los Estados Unidos derrotar a los BRICS, incluso si arrojan el flaco cuerpo de la vieja Europa a las llamas de una guerra económica global? ¿Amenazar con una agresión militar, como antes? Pero esto no es bombardear Afganistán; ni siquiera la maquinaria militar estadounidense puede con los ejércitos de los países más poblados del mundo.

Se pueden dibujar las cifras y las calificaciones que quieran, pero el empresario Trump ve muy bien que la economía estadounidense está un poco más descompuesta que el resto. Un peligro aparte es la rebelión de los banqueros de la Reserva Federal, cuyo negocio familiar el presidente estadounidense intenta nacionalizar. Estos tiburones del capital no dudarán en provocar una nueva gran recesión como la de 2007. Esto implica disturbios, rebeliones y enfrentamientos en las calles; en esencia, una guerra civil en Estados Unidos.

La única salida real para Trump hoy no es luchar contra los BRICS sino establecer relaciones mutuamente beneficiosas con nosotros. No luchar, sino comerciar, que, de hecho, es lo que siempre hemos pedido.

Sería una decisión increíblemente audaz por parte del presidente estadounidense tender puentes con los BRICS. Pero fue precisamente su audacia desesperada la que llevó a Donald Trump a la cima del Olimpo político. Ese es su estilo. Sin embargo, a Vladimir Putin también le encanta y sabe cómo asumir riesgos. Es imposible predecir el resultado de su reunión; una cosa está clara: podrán sorprender a todos.

Viktoria Nikíforova* Economista y periodista

Esta nota fue publicada originalmente en el portal RIA Nóvosti / traducción y adaptación Hernando Kleimans

Foto de portada: ©Melanie Cordova

Referencias:

[1] Centenaria fábula rusa que refiere la disputa entre el cisne, el cangrejo y el lucio por saber quién controlaba la región. La moraleja fue que debían hacerlo juntos.

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