En vísperas del aniversario, Bruselas presentó un nuevo «Pacto para el Mediterráneo»[1], destinado a renovar las bases de las relaciones de la Unión Europea con los países del vecindario meridional.
En los últimos 30 años, la situación en el sur del Mediterráneo ha cambiado considerablemente. En particular, ha cambiado la dinámica intrarregional, se han diversificado las relaciones exteriores de los países de la región y ha disminuido considerablemente tanto su dependencia del apoyo de la UE como su interés en reforzar la cooperación con esta.
En la propia Unión Europea existe hoy en día una creciente preocupación por la pérdida de influencia en esta región. En un contexto de cambio en el equilibrio regional, la UE y los Estados miembros con intereses significativos en el sur del Mediterráneo en materia de seguridad, cooperación comercial, económica y energética, tratan de reforzar sus posiciones. En los últimos años, los políticos e investigadores[2] europeos reconocen cada vez más que, a pesar de la enorme ayuda humanitaria prestada, la UE no tiene un papel significativo en los procesos regionales ni influencia sobre ellos. En general, desde mediados del año pasado, tanto en el discurso político como en el científico prevalece la idea de que es necesario ir más allá de la gestión situacional de las crisis y pasar de una política reactiva a una proactiva en la región. Por ello, se ha actualizado la cuestión de la necesidad de adaptar la estrategia de la Unión Europea en el Mediterráneo al panorama cambiante.
Nuevo viento, nuevo rumbo
En la retórica y las acciones de los miembros de la Comisión Europea en su nueva composición, que comenzó a funcionar en diciembre de 2024[3], se observaba el deseo de intensificar la política de la UE en el Mediterráneo y reforzar su papel en la región. Ya en julio de 2024, entre las prioridades de la nueva Comisión Europea para el período 2024-2029 se destacaba la importancia de adoptar un enfoque más específico hacia los países vecinos más cercanos, especialmente hacia el Mediterráneo. En las «Directrices de la Comisión» se subrayaba la necesidad de una estrategia amplia y global de la UE en Oriente Próximo, donde Europa debe desempeñar un papel activo «en aras de su estabilidad» y «en interés de todas las partes».
Desde finales de 2024 se han tomado medidas concretas que demuestran la voluntad de Bruselas de aplicar esta política. En diciembre se creó el cargo de miembro de la Comisión para el Mediterráneo, que ocupó D. Schuitza, con muchos años de experiencia en las instituciones de la UE. Con el fin de garantizar un enfoque más integral del sur del Mediterráneo, entre sus tareas figuraba la elaboración de la estrategia de la UE en Oriente Próximo, incluida la definición de medidas para resolver el conflicto palestino-israelí sobre la base del principio de «dos Estados» , el establecimiento de asociaciones estratégicas en la región, la promoción del apoyo plurianual a la Administración Palestina y la aplicación de la estrategia con respecto a los países del Golfo Pérsico.
Según ella, la UE debe pasar de ser el mayor donante a convertirse en el actor principal de la región. Se encargó a D. Shuytze la elaboración de un nuevo «Pacto para el Mediterráneo», que representa una «triple oportunidad»: subrayar que la región es prioritaria para la UE; restablecer la confianza mediante un amplio diálogo y consultas; elaborar un programa específico de prioridades en ámbitos de interés mutuo. Subrayando la importancia del Mediterráneo, que siempre ha ocupado «un lugar especial en el corazón y la historia de los europeos», D. Shuytza señaló: «Es un mar único, el Mare Nostrum, nuestro mar, por lo que debemos tratarlo con cuidado».
A continuación se produjeron otras innovaciones institucionales. Así, el 3 de febrero, la Comisión Europea anunció la creación de una nueva Dirección General para Oriente Medio, África del Norte y el Golfo (Directorate-General for the Middle East, North Africa and the Gulf, DG MENA), encargada de establecer relaciones de colaboración sólidas con los países de la región «para garantizar la prosperidad, la seguridad y la sostenibilidad sobre la base de intereses mutuos». Paralelamente, se creó la Dirección General de Ampliación y Vecindad Oriental (Directorate-General for Enlargement and Eastern Neighbourhood, DG ENEST). Esta reorganización interna supuso, en esencia, el reconocimiento de la necesidad de diferenciar el enfoque hacia los países vecinos[4]. Al mismo tiempo, la inclusión de los países del Golfo Pérsico en la nueva Dirección General reflejaba la renovación y ampliación de la visión mediterránea de la UE.
Así, en su intervención el 9 de julio en la conferencia «MedCat Days 2025» en Barcelona, D. Shuitsa destacó que el objetivo del Pacto es unir no dos, sino tres costas del Mediterráneo: la norte, la sur y los países del Golfo Pérsico. De este modo, en el marco del mandato de D. Shuitsa, se concede especial importancia a la cooperación con los países del Golfo Pérsico[5] para garantizar la paz, la seguridad y la prosperidad en la región mediterránea.
«Un mar, un pacto, un futuro»
Durante la primavera y el verano de 2025 se trabajó intensamente en la preparación del documento. La etapa inicial consistió en un amplio proceso de debate en diversos formatos, destinado a intercambiar opiniones, determinar las áreas prioritarias de cooperación y elaborar propuestas.
Así, el Pacto fue el resultado de amplias consultas en las que participó un amplio abanico de partes interesadas, entre ellas socios de los países del sur del Mediterráneo, Estados e instituciones de la UE, países vecinos de la región, así como representantes de la sociedad civil, los círculos empresariales y académicos, organizaciones juveniles, etc. D. Shuicey presentó como un logro significativo el hecho de que, en el marco de la preparación del documento, consiguiera sentar a la misma mesa a los ministros de Asuntos Exteriores de Israel y Palestina.
Probablemente, ningún otro documento de la UE sobre la región haya sido precedido de consultas preliminares tan amplias e inclusivas. En esencia, este proceso tenía por objeto mostrar la renovación del enfoque de la Unión Europea hacia el Mediterráneo e incluso hacia la elaboración del documento que define sus parámetros. Según D. Shuitsa, el trabajo sobre el Pacto «desde el primer día de este mandato» se basó en la anterior agenda para el Mediterráneo de 2021, adaptada a la realidad actual. Pero la metodología cambió: esta vez se utilizó un enfoque «de abajo hacia arriba», que refleja la situación sobre el terreno. Se creó una asociación entre iguales.
La Unión Europea y sus socios del sur del Mediterráneo[6] «comparten un espacio común de oportunidades, retos y responsabilidades». Con estas palabras comienza el nuevo «Pacto para el Mediterráneo. Un mar, un pacto, un futuro», presentado por la Comisión Europea y el Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad el 16 de octubre de 2025. El documento, elaborado con motivo del 30.º aniversario de la Conferencia de Barcelona, supone un intento de dar un nuevo impulso a las relaciones entre la UE y los diez países del Mediterráneo meridional, desde Marruecos hasta Siria. Su objetivo es «lograr el cambio de paradigma necesario para aprovechar todo el potencial de la asociación y el trabajo conjunto, basado en los principios de propiedad compartida, creación conjunta y responsabilidad compartida».
El Pacto Mediterráneo establece un marco práctico y flexible para la cooperación en tres ámbitos interrelacionados, o «pilares»: las personas, la economía, la seguridad y la migración. Implica un enfoque práctico «de abajo arriba», basado en la realización de iniciativas conjuntas concretas en ámbitos prioritarios (en las tres áreas/pilares) de interés mutuo, que beneficiarán a las personas y las economías de ambas orillas del Mediterráneo. El pacto tiene por objeto contribuir al fortalecimiento de la cooperación a nivel regional y local, así como al desarrollo de la sostenibilidad en el contexto de los retos climáticos, medioambientales y socioeconómicos. Se basa en el principio de flexibilidad, lo que permite a los socios participar en la realización de diversas iniciativas y adaptarlas a sus condiciones específicas.
El enfoque de la UE se centra en «las personas como motor del cambio, las relaciones y la innovación». Se presta especial atención al fomento de las oportunidades para los jóvenes mediante la inversión en educación, formación profesional y empleo, así como al desarrollo de los vínculos culturales y deportivos. En este contexto, se prevé la creación de una Asamblea Parlamentaria Juvenil del Mediterráneo. El proyecto insignia será la creación de la Universidad Mediterránea, que reunirá a estudiantes de todas las costas del Mare Nostrum. Según D. Shuitsa, gracias a la realización de esta «audaz idea», algún día «las personas aprenderán a hablar un mismo idioma de cooperación e innovación».
El segundo pilar (economías más fuertes, sostenibles e integradas) incluye esfuerzos para modernizar las relaciones comerciales y de inversión, desarrollar la energía y las tecnologías limpias, garantizar la sostenibilidad de los recursos hídricos, desarrollar la «economía azul» y la agricultura, las conexiones digitales y de transporte, y crear puestos de trabajo. En este ámbito, la Iniciativa Transmediterránea sobre Energías Renovables y Tecnologías Limpias (T-MED) y StartUp4Med, un mecanismo regional de apoyo a las empresas emergentes, serán algunos de los proyectos emblemáticos.
El tercer pilar incluye la cooperación en materia de seguridad, resiliencia y gestión de la migración. Las iniciativas prioritarias serán garantizar la preparación ante catástrofes naturales en la región mediterránea y aumentar la resiliencia frente a ellas. En el marco de la tercera línea de actuación, está prevista la creación de un centro regional de lucha contra incendios en Chipre. Se plantea el objetivo de reforzar la cooperación en materia de seguridad interior para luchar eficazmente contra la delincuencia organizada y el terrorismo.
Se prevé promover un enfoque integral de la migración, así como un enfoque común de la gestión integrada de las fronteras y la seguridad, que incluirá una asociación operativa para luchar contra los traficantes. Al mismo tiempo, el Pacto concede especial importancia al desarrollo de vías legales de migración laboral y asociaciones en el ámbito del talento, teniendo en cuenta las características demográficas de la región y la prevención de la fuga de personal cualificado. Según D. Shuitsa, el enfoque tiene en cuenta que «en las costas del Mediterráneo se observan tendencias demográficas opuestas». Así, el «enfoque integral» propuesto para la gestión de la migración supone un cambio de enfoque en la actividad de la UE en este ámbito hacia medidas proactivas y la eliminación de las causas fundamentales de la migración[7].
Así pues, la iniciativa, que abarca diez países del vecindario meridional, tiene por objeto llevar a cabo 17 proyectos emblemáticos y más de un centenar de proyectos de menor envergadura en sectores clave —desde la energía y la digitalización hasta la gestión de fronteras y la educación— con el fin de crear un «Espacio Mediterráneo Común» único, estable y próspero. Sin embargo, el enfoque renovado de la UE supone una ampliación de la visión mediterránea. Un elemento importante es la interacción con los «vecinos de los vecinos». El documento señala que, en perspectiva, el Pacto podría ampliar su alcance más allá del sur del Mediterráneo, reforzando la cooperación con las regiones del Golfo Pérsico, el África subsahariana, Turquía, así como los Balcanes Occidentales y la región del Mar Negro.
A diferencia de iniciativas anteriores, el nuevo Pacto no va acompañado de un paquete financiero específico. El documento señala que se utilizarán todos los instrumentos financieros pertinentes de la UE para apoyar la aplicación del Pacto, que se ajusta a las prioridades de la NDICI-Global Europe, la Global Gateway y la futura Global Europe. Asimismo, en el marco del enfoque Team Europe, se movilizarán recursos de los Estados miembros de la UE y de los socios del sur del Mediterráneo, las instituciones financieras internacionales y el sector privado. Al mismo tiempo, se hace hincapié en la movilización de la inversión privada. Al presentar el documento, U. von der Leyen señaló que se hará todo lo posible para atraer la inversión privada. Al mismo tiempo, la propuesta de programa financiero plurianual para 2028-2034 prevé duplicar el presupuesto para la región mediterránea hasta los 42 000 millones de euros.
Para garantizar la transparencia, la rendición de cuentas y la mensurabilidad de los resultados, se llevará a cabo un seguimiento periódico a dos niveles: el de la UE y el euromediterráneo. Los resultados de los debates servirán de base para la preparación de la reunión ministerial anual entre la Unión Europea y los países del vecindario meridional. Una vez adoptado el Pacto, su aplicación se llevará a cabo de conformidad con un plan de acción específico en el que se indicarán los países participantes y las partes interesadas para cada iniciativa. Se presentará en el primer trimestre de 2026.
Un mar de oportunidades y retos, de calmas y huracanes
En el contexto de los retos globales y regionales actuales, las innovaciones institucionales y la actualización del documento tienen por objeto subrayar la importancia estratégica del Mediterráneo para la UE y facilitar la transición hacia una cooperación más sistemática y a largo plazo entre Bruselas y sus vecinos meridionales.
Por un lado, el Pacto subraya la continuidad con el trabajo que la UE lleva años haciendo en la región para crear un «Espacio Mediterráneo Común». Por otro lado, demuestra un cambio cualitativo en el enfoque de la Unión hacia la creación de una asociación en pie de igualdad. Así, Bruselas utiliza de forma destacada un lenguaje de igualdad y asociación, y el Pacto está impregnado de un espíritu de responsabilidad compartida, estrecha interdependencia y futuro común. Al presentar el documento, la presidenta de la Comisión Europea, U. von der Leyen, subrayó que Europa está interesada en construir un futuro basado en la paz y la prosperidad, y que está dispuesta a «contribuir como socio» al desarrollo de la región común.
En un contexto de disminución de la influencia de la UE y deterioro de su imagen, que se vio gravemente afectada por la guerra en la Franja de Gaza, esta retórica de la asociación en pie de igualdad representa un intento de mejorar la imagen de la Unión Europea. También llama la atención la orientación marcada de la iniciativa hacia las personas y para las personas. Al parecer, según el plan de Bruselas, el Pacto, que se centra en el desarrollo de oportunidades de educación, formación profesional y empleo, así como en el apoyo a las pequeñas y medianas empresas, contribuirá a la consecución de los objetivos de la iniciativa «Puerta Global» en el Mediterráneo, representando un enfoque más integral.
Sin embargo, surge la pregunta: ¿podrá el Pacto sentar las bases para una etapa cualitativamente nueva en las relaciones entre la UE y los países vecinos del sur, basada en la igualdad y la asociación, y fortalecer los vínculos a nivel estatal y social? ¿O detrás de las bonitas palabras y la orientación hacia las personas se esconde el pragmático deseo de restablecer la confianza de los países socios, compartir la responsabilidad de resolver los problemas, reforzar su sentido de pertenencia y responsabilidad por los resultados de la cooperación, contribuyendo así a garantizar sus intereses en la región?
Es evidente que, en los últimos años, el enfoque de la UE con respecto a la región se ha caracterizado por un pragmatismo cada vez mayor. Esto se refleja tanto en la Política Europea de Vecindad, revisada en 2015, como en la «Nueva Agenda para el Mediterráneo», adoptada en 2021, y directamente en la política que la UE lleva a cabo en la región. Desde mediados de la década pasada, la política de la Unión Europea de apoyar los cambios democráticos en los países de la región ha cedido claramente el paso a la necesidad de estabilizar la situación en sus fronteras meridionales. El nuevo Pacto también se caracteriza por este pragmatismo, aunque envuelto en el envoltorio de una «asociación entre iguales». En realidad, está orientado a garantizar los intereses de la UE en un contexto de inestabilidad geopolítica, competencia creciente y un panorama global y regional cambiante.
Como señala E. Dvorkin, investigador principal del Consejo Europeo de Relaciones Internacionales, la retórica de la asociación en pie de igualdad, ampliamente utilizada en los últimos años por los funcionarios de la UE y los países miembros, tiene por objeto suavizar la percepción de la política europea como paternalista. Sin embargo, esto genera una nueva contradicción: si los socios son realmente iguales, se reduce el margen para criticar la política interna de los Estados vecinos, incluidas las violaciones de los derechos humanos. Esto ocurre en un contexto de reducción de la financiación de los programas de ayuda en general y de una mayor redistribución de los fondos para garantizar los intereses en materia de seguridad. Los representantes de los círculos académicos y de la sociedad civil de la UE están preocupados por estas tendencias, ya que consideran que el abandono de la promoción de los derechos humanos y las reformas democráticas contradice los intereses a largo plazo de la Unión Europea en la región.
La activación de la política de la UE se produce en un contexto de retos globales, dinámicas regionales cambiantes y reequilibrio de fuerzas en Oriente Medio y el norte de África. El conflicto en torno a Ucrania, la escalada de las sanciones contra Rusia y la dinámica de las relaciones entre Estados Unidos y China son factores que influyen en Oriente Medio y en la política de la UE en la región. El aumento de la rivalidad y la tensión, las crisis de los últimos años, entre ellas la guerra en la Franja de Gaza, han supuesto una dura prueba para Bruselas y han puesto de manifiesto la desunión interna de la Unión Europea, la falta de coordinación entre los Estados miembros y las instituciones de la unión integradora, y han puesto de relieve el papel insignificante de la UE en los procesos de negociación y en los asuntos regionales en general. La política de Rusia en la región y el aumento de la influencia política y económica de China refuerzan el alarmismo en la UE por la pérdida de influencia. La Unión Europea se mueve por el deseo de diversificar los proveedores de recursos energéticos y reducir la dependencia de los suministros de hidrocarburos rusos, así como de contrarrestar la creciente influencia y presencia económica de China. Cabe destacar que, en su intervención ante los diputados del Parlamento Europeo en noviembre de 2024, D. Shuitsa señaló: «Vamos a estar presentes sobre el terreno para reducir la influencia de China y Rusia», calificándolo como el «objetivo final» de su trabajo.
En el contexto de las complicadas relaciones con Estados Unidos, en las que la UE cada vez puede apoyarse menos, la preocupación de Bruselas no hace más que aumentar, lo que la empuja a reforzar la cooperación con los países del vecindario meridional. En este sentido, aumenta el interés por los países del Golfo Pérsico, que cuentan con un importante potencial político, financiero y de inversión, y que la Unión Europea considera socios importantes para garantizar la estabilidad y el desarrollo de la región. A su vez, la integración del Golfo Pérsico en la visión mediterránea de la UE parece destinada a ampliar los horizontes de dicha cooperación.
Para ver la costa, hay que zarpar. El tiempo dirá si la anunciada renovación de las bases de la cooperación de la UE con sus vecinos meridionales será solo un acto simbólico en el aniversario del Proceso de Barcelona o si podrá aportar una dinámica cualitativamente nueva a las relaciones entre ellos. Por su parte, la UE se esfuerza por superar la inercia de su rumbo en la región y adoptar un enfoque proactivo, ya que su influencia se está debilitando notablemente.
Bibliografía
Oganisyan, L. D. La política de la UE en los países del Cercano y Medio Oriente en el verano de 2025: tendencias y retos clave // Unión Europea: hechos y comentarios. 2025. Núm. 121. Págs. 62-66.
Oganisyan, L. D. La política de la UE en los países del Cercano y Medio Oriente: contornos de una nueva estrategia en la región // Unión Europea: hechos y comentarios. 2025. Núm. 119. Págs. 78-82.
Dworkin A. El poder de lo posible: un enfoque paso a paso para fortalecer los derechos humanos en Oriente Medio // Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. 15 de octubre de 2025. URL: https://ecfr.eu/publication/the-power-of-the-possible-a-step-by-step-approach-to-strengthen-human-rights-in-the-middle-east/?amp
Lovatt H., Shehada M. Dealing with Trump, Israel, and Hamas: The path to peace in the Middle East // European Council on Foreign Relations. 11 de diciembre de 2024. URL: https://ecfr.eu/publication/dealing-with-trump-israel-and-hamas-the-path-to-peace-in-the-middle-east/
1. Se espera que sea aprobado por la UE y sus socios del sur del Mediterráneo en el marco de la celebración del 30.º aniversario del Proceso de Barcelona, que tendrá lugar el 28 de noviembre en Barcelona.
2. Véase, por ejemplo: Comisión de Asuntos Exteriores. Comisiones invitadas: Comisión de Empleo y Asuntos Sociales, Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior, Subcomisión de Derechos Humanos. Audiencia de Dubravka Suica. Comisaria designada (Mediterráneo). 5 de noviembre de 2024. Bruselas. URL: https://hearings.elections.europa.eu/documents/suica/suica_verbatimreporthearing-original.pdf; Lovatt H., Shehada M. Lidiar con Trump, Israel y Hamás: el camino hacia la paz en Oriente Medio // Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Diciembre de 2024. URL: https://ecfr.eu/publication/dealing-with-trump-israel-and-hamas-the-path-to-peace-in-the-middle-east/
3. En el verano de 2024 se celebraron elecciones al Parlamento Europeo, que dieron lugar a un fortalecimiento de las fuerzas de derecha. U. von der Leyen siguió al frente de la Comisión Europea, pero se produjeron cambios en su composición.
4. La Dirección General de Vecindad y Negociaciones de Ampliación (DG NEAR) estuvo en funcionamiento hasta el 1 de febrero de 2025. Fue sustituida por la DG MENA y la DG ENEST.
5. En general, en los últimos años se ha observado una intensificación significativa de la cooperación de la UE con los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). En mayo de 2022 se adoptó un documento sobre la asociación estratégica, en 2023 se creó el cargo de enviado especial de la UE en la región y en octubre de 2024 se celebró en Bruselas la cumbre UE-CCG. Actualmente se están llevando a cabo negociaciones con cada uno de los seis países para celebrar acuerdos bilaterales de asociación estratégica.
6. Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Libia, Marruecos, Palestina*, Siria y Túnez.
7. Los acuerdos celebrados en los últimos años con los países de la región con el fin de frenar los flujos de migración ilegal hacia la Unión Europea han sido criticados por organizaciones de derechos humanos, representantes de los círculos políticos y la comunidad científica de la UE, entre otras cosas por su incapacidad para eliminar las causas fundamentales de la migración.
*Lida Oganisyan, Candidato a Doctor en Ciencias Políticas, Investigador Principal, Departamento de Problemas Políticos Internacionales, IMEMO RAS.
Artículo publicado originalmente en RIAC.
Foto de portada: EC – Audiovisual Service / Lukasz Kobus.

