EL NACIONALISMO ESCOCÉS ANTE LAS ELECCIONES DE MAYO DE 2021

Por Javier Castro Cruz* – HOY – Elecciones en Escocia, Gales y Londres para elegir representantes locales y regionales. En Escocia, los resultados podrían desembocar en la convocatoria a un nuevo referéndum para decidir acerca de la independencia de la región autónoma del Reino Unido.


Banderas de Reino Unido, Escocia y la Unión Europea en el Parlamento escocés. Fuente: PA.

En 1997 se celebraba en Escocia el referéndum en el que sus ciudadanos hubieron de contestar a la pregunta de si estaban de acuerdo en que debiera existir un parlamento escocés como proponía el partido laborista de Tony Blair. Un 74,9% de los participantes votaron sí a la propuesta del “devolution” y Escocia recuperó la autonomía política que había perdido tras la firma del Acta de Unión en 1707, cuando se forma el Reino de Gran Bretaña. En 2004 se cerraría la ceremonia fundacional con la inauguración del nuevo parlamento escocés diseñado por el arquitecto catalán Enric Miralles. El diseño era arriesgado, Miralles tomaba elementos del imaginario nacional escocés como sus barcos, alusiones a la Saltire, la cruz escocesa; o la propia vegetación del país para dar forma a la estructura del edificio. En su momento la obra fue criticada por el público acusando que la construcción llegaba tarde, había sido cara y la comisión estaba adjudicada a un arquitecto no escocés. Con el tiempo el diseño empezó a ser apreciado por su distintividad arquitectónica y hoy en día es un símbolo de Edimburgo. Del mismo modo, aunque en un principio el proceso de descentralización recibió la oposición de las fuerzas conservadoras, el apoyo a la autonomía terminó por permear la sociedad escocesa y no crecieron partidos anti-devolution como en Gales. El contexto es radicalmente diferente al de 1997, sin embargo, la distribución geográfica del voto en clave nacional ha evolucionado paralelamente desde la polarización en torno al autonomismo al conflicto en torno a la independencia.

Resultado referéndum 1997 sobre la formación de un Parlamento Escocés. Fuente: Flourish. Scottish Office. Javier Castro Cruz.

Resultado referéndum de independencia en Escocia, 2014. Fuente: Flourish. Scottish Office. Javier Castro Cruz.

La historia de estos más de 20 años y las escasas 5 elecciones al parlamento escocés que han sucedido desde 1999 nos llevan al momento hegemónico que vive el Partido Nacional Escocés, que aspira a alcanzar una mayoría récord de escaños en las que serán las sextas elecciones escocesas el próximo 6 de mayo. El nacionalismo escocés, encarnado en un SNP que ha consolidado su reputación de partido de orden, ha coincidido en el tiempo con el crecimiento de cierto nacionalismo anglo británico que ha sido identificado por una parte de la sociedad escocesa como una mayor fuente de inestabilidad y de déficit democrático. El partido de Sturgeon se siente cómodo partiendo de un apoyo del 46,5% en las circunscripciones de las elecciones de 2016 y continúa apostando por una hoja de ruta hacia la independencia “inequívocamente neoliberal” que liga al país a la libra esterlina y “que prevé al menos una década de reducción severa del déficit presupuestario”.

La política escocesa y la estrategia del SNP (Partido Nacional Escocés) corren el riesgo de embarrarse. Empiezan a resonar los ecos procesistas del independentismo catalán ante el agotamiento de las fases del gradualismo escocés. Tras haberse efectuado la salida del Reino Unido de la Unión Europea, sumado a la crisis humanitaria y económica que ha supuesto el Covid-19 para Reino Unido, el apoyo a la independencia de Escocia ha ganado popularidad. La hegemonía del SNP continúa intacta. Sin embargo, las constantes crisis internas del partido comienzan a aflorar y la tendencia creciente del apoyo a la independencia se está estabilizando.

Nicola Sturgeon, líder del SNP y Primera Ministra de Escocia, exige la celebración de un segundo referéndum (“indyref2”). La decisión final ha de pasar por Westminster y la respuesta de Boris Johnson actualmente es que en Escocia no se realizará un segundo referéndum de independencia al menos en 40 años. La negativa del Primer Ministro británico se fundamenta en la idea de que el referéndum celebrado en 2014 se dio en clave generacional, por lo que un segundo referéndum respaldado por el gobierno de Reino Unido en un futuro próximo se espera hartamente improbable. Las fuerzas independentistas se agarran a que una victoria arrolladora sea suficiente como para hacer retroceder a Johnson.

Ante este panorama de enquistamiento, Escocia habrá de enfrentarse a unas nuevas elecciones parlamentarias el 6 de mayo de este año, las cuales ya han adquirido un cariz plebiscitario. Sturgeon se ha comprometido a celebrar un segundo referéndum a principios de la nueva legislatura en caso de que el pueblo le otorgara dicho mandato obteniendo la mayoría absoluta. La primera ministra llegó incluso a admitir la posibilidad de iniciar mecanismos legales propios en Holyrood, sede del parlamento escocés, para celebrar dicho referéndum pese a la oposición de Westminster, trasladando la batalla a los tribunales. La legalidad de dicha posición es dudosa y supone una quiebra en el recorrido gradualista esgrimido históricamente por el SNP desde los 90, el cual estaba basado en actuar estratégicamente dentro de las instituciones británicas con el fin de controlar el Parlamento escocés, tras el “devolution of power” (proceso de descentralización y consecución de la autonomía parlamentaria en 1997) y acumulando el máximo poder en Westminster con el fin de construir una Escocia independiente siguiendo los cauces legales. Sin embargo, conforme avanza la campaña las estimaciones temporales empiezan a ser más confusas y la líder del SNP tantea como posibles fechas para la celebración de ese segundo referéndum el hipotético próximo “final” de la crisis sanitaria que enmarcaría en los términos de la legislatura.

Sturgeon no es partidaria de exponer al partido a posiciones tan maximalistas. La razón de este viraje tiene más que ver con la crisis interna a la que se ha visto expuesta el partido. Ciertos altos cargos del partido han llegado a alzar la voz exigiendo la elaboración de un plan B en el cual se detalle el curso de acción del movimiento independentista ante una esperable negativa del gobierno británico.

El cisma abierto en el seno del Partido Nacional Escocés no gira únicamente en torno a desavenencias ideológicas, sino también personales. En los últimos meses hemos asistido a una feroz batalla entre Sturgeon y el ex líder de la formación independentista, Alex Salmond. Salmond estuvo a los mandos del partido desde 2005 hasta la celebración del referéndum en 2014. Su victoria en las elecciones al parlamento escocés en 2011, en las cuales obtuvo la mayoría absoluta frente a las fuerzas unionistas, permitió presionar al gobierno de Cameron para posibilitar la celebración del referéndum.

Tras la derrota de los independentistas (Sí: 44,6% frente al No: 55,4%), Salmond abandonó el liderazgo del partido y lo dejó en manos de su mano derecha: Nicola Sturgeon. Esta última fue tomando distancia y se alejó radicalmente de su predecesor tras conocerse las denuncias sobre conductas por las cuales Salmond fue acusado en 2018 de asalto sexual y dos intentos de violación. El ex primer ministro salió absuelto en 2020 después de que el jurado lo declarara inocente, mientras que el Gobierno escocés fue condenado a indemnizarle con 555.000 libras por haberse saltado el procedimiento legal en la investigación interna de dos de esas denuncias. Salmond inició entonces una campaña de acoso y derribo contra la actual líder de la que supo aprovecharse el Partido Conservador para pedir dimisión de Sturgeon, llegando a plantear una moción de censura alegando que esta había roto el código ministerial. La investigación independiente determinó que no se había producido tal quiebra ni se había influido indebidamente contra el anterior líder del SNP y Sturgeon resistió la moción de censura.

El final de esta dramática gesta ha desembocado en la creación de un nuevo partido por parte de Alex Salmond. El exlíder del SNP anunció el pasado 27 de marzo la creación del Alba Party, una nueva organización independentista mediante la cual Salmond aspira a conseguir una “supermayoría” que inicie un proceso de desconexión tras las elecciones del 6 de mayo. No lo tendrá fácil. Consciente del desgaste de su figura debido a la gravedad de las acusaciones que aún resuenan sobre su persona y a la debilidad que le otorga el sistema electoral, solo competirá en una de las 2 modalidades electorales del sistema electoral mixto escocés.

Intención de voto elecciones 6 de mayo 2021 en lista regional. Fuente: Flourish. Savanta ComRes. Javier Castro Cruz.

Intención de voto elecciones 6 de mayo 2021 en las circunscripciones. Fuente: Flourish. Savanta ComRes. Javier Castro Cruz.

El sistema electoral de Escocia se conoce como “additional member system” y consiste en la existencia de dos fases en la votación. Mientras que en la primera los escoceses aplican el sistema uninominal clásico de los sistemas Westminster (“first past the post”), por el que tan solo es elegido un representante de cada circunscripción electoral; en la segunda fase los electores han de optar por una lista regional en la cual los escaños de cada región se reparten proporcionalmente entre los partidos mediante la fórmula D’hont. El objetivo era hacer más proporcional el sistema, dificultar la obtención de mayorías absolutas. Mientras que el SNP ha esgrimido durante la campaña el lema “BothVotesSNP”, Salmond sabe que no es capaz de liderar ninguna circunscripción, pero en las listas regionales tan solo necesita en torno al 6% para asegurarse representación. El líder del Alba Party alega que puede recoger el millón de votos que el SNP se había dejado en las anteriores elecciones en 2016. Las encuestas sitúan a la formación de Salmond entre el 3-6 por ciento, por lo que no está asegurada su entrada. Sin embargo, ha conseguido su principal objetivo, erosionar la base del SNP fragmentando el voto independentista y arrancarle dos diputados en el parlamento británico. Kenny MacAskill y Neal Hanvey abandonaban el partido para unirse al Salmond el 26 de marzo, promoviendo así una vía de salida al sector crítico del SNP. Queda por ver si existe un espacio en el nacionalismo escocés a la derecha del SNP, lo que podría hacer cristalizar una fragmentación en el voto independentista a 3 bandas: liberal-progresismo, conservadurismo y ¿verdes?

Una de las hipótesis que manejaban los medios era la posibilidad de que el crecimiento del Alba Party bebiera también de los verdes escoceses. Estos últimos son una cierta anomalía dentro de su familia política en Europa. En los últimos años hemos vivido el crecimiento de los partidos verdes a lo largo del centro y el norte del continente desde posiciones socialdemócratas (partido sandía) como en Islandia o Países Bajos, aunque también desde posiciones más conservadoras como en Alemania. Sin embargo, el Scottish Green Party combina el imaginario ecologista con la aspiración a la independencia del país, si bien estos se inclinan claramente a la izquierda incorporando a su programa medidas como la limitación del precio de los alquileres o la subida de impuestos a las grandes fortunas. La composición demográfica del potencial votante de ambos partidos es completamente diferente. El principal soporte del crecimiento del independentismo verde, al cual las encuestan le dan en torno a un 9% de los votos en la lista regional, viene por parte de los jóvenes. En una encuesta publicada por The Conversation, el Partido Verde Escocés sería el segundo partido al que serían más próximos los encuestados de entre 18-24 años, un 14%, después del SNP con un 28%. El posible espacio al que estaría aspirando el Alba Party está más relacionado con “votantes independentistas que son socialmente más conservadores, un grupo que votó fuertemente por el Brexit y muy diferentes del tipo de votantes independentistas que podrían apoyar al Partido Verde“.

Otro factor interesante es la posición del Partido Laborista Escocés. Escocia es un país determinante en la historia del Partido Laborista Británico. No solo por reminiscencias históricas de fundadores clave del partido como Keir Hardie y Ramsay MacDonald, o líderes recientes como Tony Blair y Gordon Brown; sino por la posición hegemónica que llegó a mantener durante décadas en los núcleos obreros del sur del país y su repercusión electoral. Tras el periodo de posguerra el Parido Laborista se convirtió en la fuerza política dominante en Escocia hasta prácticamente finales de los 2000. En estos últimos 10 años los laboristas escoceses han visto como caía su predominio hasta el punto de su casi desaparición a nivel nacional. El partido ha visto pasar por la dirección a 5 líderes diferentes que no han conseguido extirpar la decadencia que lastra el laborismo escocés. En 2015 el 45% de los votos conseguidos en 2010 migraron hacia el SNP, así como el 90% que había optado por el “Sí” en el referéndum de independencia. De la misma forma que la cuestión nacional escocesa había dejado en shock al laborismo escocés, el Brexit terminó por nockearlo. En las elecciones generales de 2017, un año después de la victoria del BREXIT, los laboristas perdieron casi la mitad de los votos de aquellos que votaron “No” al referéndum de independencia y “Leave” en el referéndum de 2016, hacia los conservadores1. El laborismo escocés no solo perdía el espacio dirigente del país, sino que no era capaz de ser la oposición al modelo independentista desde el unionismo, donde cedió claramente terreno al Partido Conservador. La última vez que el partido laborista ganó las elecciones fue en 2005, bajo el mando de Tony Blair, en las cuales los laboristas se hicieron con 41 de los 59 escaños repartidos en el territorio escocés. En las elecciones generales de 2015, con Ed Miliband dirigiendo el partido, el laborismo certificó su desconexión para con la sociedad escocesa reduciendo su fuerza a un único escaño.

Resultados de las elecciones generales de Reino Unido en Escocia, 2005. Fuente: Flourish. House of Commons Library. Javier Castro Cruz.

Resultados de las elecciones generales de Reino Unido en Escocia, 2019. Fuente: Flourish. House of Commons Library. Javier Castro Cruz.

Una pregunta que es fundamental contestar es si verdaderamente el laborismo británico es capaz de volver al poder sin contar con Escocia. En los últimos tiempos el partido ha abierto la posibilidad de pactar un gobierno en Reino Unido con el Partido Nacional Escocés, pero sabe que las condiciones para ese acuerdo pasan por un segundo referéndum. El partido laborista sigue teniendo problemas para asegurar su implantación en los subniveles nacionales. Aunque el Partido Laborista Escocés tiene unos orígenes, una historia y una cultura propia, ha formado parte de uno de los partidos más centralizados en Europa Occidental2.

Ante la elección del nuevo líder del Partido Laborista Escocés, las élites del partido han optado por la opción proveniente del ala derecha. Anas Sarwar, declarado “browntie”, se hizo con los apoyos necesarios enfrentándose a Monica Lennon, diputada laborista del parlamento escocés. Lennon ganó popularidad en 2019 tras ser la responsable de presentar la ley por la cual los productos de higiene femenina pasarían a ser gratuitos. La principal diferencia resaltable entre ambos candidatos pasaba por la cuestión nacional. Lennon ha llegado a afirmar ser partidaria de la celebración de un segundo referéndum si así lo desea la mayoría nacional escocesa y que el laborismo escocés no puede esconderse detrás de Boris Johnson. Keir Starmer ya había anunciado su apoyo al unionismo rígido de Sarwar, dejando claro que continúa la vía de reforzar la visión “patriótica” en sentido anglosajón del partido y la purga de los elementos izquierdistas que atrajo el corbynismo. Sarwar aspira a desbancar a los conservadores y convertirse en una oposición al independentismo que habla de mayores devoluciones de poderes pero que sigue teniendo dificultades para proyectar una visión propia del país. Antes de que rodara la cabeza de Richard Leonard, líder del partido laboral escocés hasta el 14 de enero, este había impulsado poco antes el debate en la organización para que el laborismo apoyara un segundo referéndum con más de dos opciones y la separación del Partido Laborista Escocés del partido británico.

Lo cierto es que en el enquistamiento del eje nacional escocés puede intuirse una muestra más de la necesidad de Reino unido de refundar los pilares de su unión. En Gales los niveles de apoyo a la independencia marcan cifras récord y los negacionistas del proceso de federalización británico languidecen. El Primer Ministro laborista de Gales, Mark Drakeford criticaba recientemente la relación del gobierno británico con las administraciones descentralizadas y señalaba que la distancia tomada por Boris Johnson ponía en riesgo el futuro de la unión. Irlanda del Norte es quizás el punto más crítico, donde los conflictos en torno a la frontera con Irlanda resultados del acuerdo final del BREXIT han avivado el recuerdo de los “troubles” con el enfrentamiento de manifestantes unionistas contra la policía en Belfast o Derry. El republicanismo irlandés también ha elevado sus pretensiones y grupos armados como el Nuevo IRA han aumentado su presencia en el país. El resultado de estas elecciones medirá la fuerza desde la que partirá el movimiento independentista. Los consensos mayoritarios han sido fuente de legitimidad fundamentales en los conflictos de identidad británicos recientes. Si el Partido Nacional Escocés se hace con la ansiada mayoría absoluta utilizará esta como ariete para forzar a Boris Johnson a aceptar un segundo referéndum, una experiencia que los dos partidos tradicionales de Reino Unido evitarán revivir a toda costa.

1Bennett, S., Moon, D., Pearce, N., & Whiting, S. (2020). Labouring under a delusion? Scotland’s national questions and the crisis of the Scottish Labour Party. Territory, Politics, Governance: Journal of the Regional Studies Association. 5-6.

2Hassan, G. (2002). A case study of Scottish Labour: Devolution and the politics of multi-level governance. The Political Quarterly, 73(3), 144–157.

*Javier Castro Cruz, periodista.

Artículo publicado en Descifrando la Guerra.