El pasado 22 de noviembre culminó la 30° Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) en Belém do Pará, en la Amazonía de Brasil. Con antecedentes en el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París, la conferencia buscó cumplir con el rol preponderante de la transición hacia energías limpias, que requiere necesariamente involucrar un cambio hacia una matriz energética que contribuya a la reducción de la contaminación, la protección del medio ambiente y la reducción de los efectos del cambio climático.
Sin embargo, lo que más resaltó del documento fue la no mención del abandono de los combustibles fósiles y la no mención de una ruta para eliminar la deforestación, que si figuraban en el primer borrador del Global Mutirão.
El borrador planteaba a los países, en primera instancia, a desarrollar hojas de ruta para una transición justa, ordenada y equitativa, orientaba a la reducción progresiva de combustibles fósiles. Otro punto importante, era la eliminación de subsidios ineficientes que no atienden la pobreza energética. Y un tercero, vinculaba las metas nacionales de reducción de emisiones con la aceleración del despliegue de renovables, la mejora de la eficiencia y el alejamiento de los hidrocarburos, además de exigir frenar la deforestación antes del 2030.
Una de las discusiones más importantes dentro de la COP30, es el reclamo por parte de los países no desarrollados hacia los países que son potencias económicas- mayormente los más grandes contaminantes- para que asuman la responsabilidad del financiamiento que se necesita para el cambio de matriz energética y para llevar a cabo políticas ambientales.
Durante el cierre de la COP30, la firma del documento final se dio en un contexto tenso, donde Panamá, Uruguay y Colombia denunciaron que habían pedido la palabra pero que la presidencia no les había dado lugar.
Corrêa do Lago, presidente de la COP30, anunció que anotarían los comentarios en el reporte de la plenaria de cierre. Esto provocó que los países reafirmen su denuncia y expliciten su objeción, que expresamente es no dar consenso al tema de la adaptación, lo que implica que debería continuar las discusiones ya que las decisiones deben llegar a un 100% de consenso.
Uruguay que lideraba al grupo SUR donde se encontraba Argentina, Ecuador y Paraguay, objetó la Meta Global de Adaptación. Sin embargo, no pudo encauzar disciplina dentro del propio grupo que lideraba. El ministro de Ambiente del Uruguay, Edgardo Ortuño, declaraba que “la acción climática debe avanzar de la mano de la reducción de la pobreza, la equidad de género, étnica racial y la participación plena de las comunidades locales, las poblaciones vulnerables, rurales y mujeres con perspectiva de derechos humanos”.
Yamandú Orsi demostró un compromiso en el tema, mientras Argentina y Paraguay boicoteaban las negociaciones posicionándose en el sector ultraconservador. Las diferencias dentro del Grupo Sur llevaron a posiciones contradictorias similares en otras discusiones, como la del mecanismo de transición justa, en la que el gobierno de Milei rechazó el lenguaje de derechos humanos; o la de mitigación, en la que Paraguay objetó la necesidad de reconocer los derechos de la tierra de pueblos indígenas.
Al no tener un avance considerable sobre el tema combustibles fósiles, Brasil se adjudicó el compromiso de crear una ruta para la transición energética, pero por fuera del proceso de la COP. Esta ruta tendría un carácter voluntario no legalmente vinculante y continuará su camino por fuera del proceso de control e implementación del Acuerdo de París. Se trataría en ese texto, los desafíos fiscales, económicos y sociales de la transición, señalando alternativas de cero emisiones y bajas emisiones de carbono.
Sobre la Meta Global de Adaptación, se aprobó 59 indicadores, que servirían como guía para acompañar la implementación de políticas de preparación ante los impactos climáticos que fueron considerados por varios países como poco claros e inoperables.
En lo que refiere a la meta de financiamiento para adaptación, exclusivo para este tipo de políticas en países en desarrollo, quedó limitada a pedidos de esfuerzos para triplicar fondos hacia el 2035, pero sin montos concretos.

El rol de Lula y Petro en la conferencia
Lula Da Silva viene jugando un rol clave y con mucha presencia en materia de ambientalismo, pese a cómo culmino la conferencia del clima con cierta desazón, su discurso en la inauguración de la conferencia ha preponderado esta lucha.
El presidente brasilero manifestó que celebrar la COP30 en Belém fue “una decisión política y simbólica”, para mostrar la importancia de la Amazonía en la solución climática.
Además, señaló que es, “el bioma más diverso de la Tierra es el hogar de casi 50 millones de personas, entre ellas 400 comunidades indígenas. La Amazonia no es una entidad abstracta, es hogar, es economía, es cultura, es vida. Traer la COP al corazón de la Amazonia ha sido una tarea ardua, pero necesaria. Cuando se vayan de Belém, los delegados se irán con el compromiso de actuar, y la población de la ciudad conservará las inversiones en infraestructura que ha traído esta conferencia. Y el mundo podrá decir, por fin, que conoce la realidad de la Amazonía”.
Su discurso se centró en tres ejes de acción, el primero es el cumplimiento de los compromisos climáticos asumidos, el segundo, el fortalecimiento de la gobernanza global y el último, tiene que ver con situar a las personas en el centro de la toma de decisiones sobre el clima.
Lula denominó a la COP 30 como “COP de la Verdad”, ya que la intención es luchar contra la desinformación y valorar la ciencia.
Otro líder latinoamericano que ha alzado su voz por la defensa del medio ambiente es Gustavo Petro. El presidente colombiano tuvo una intervención en la conferencia del clima donde denunció “la codicia de los lobbies del petróleo, el carbón y el gas ha ido contra la vida” y donde propuso un gran acuerdo energético entre América Latina, China, Europa, África y los países árabes.
Petro hizo hincapié en el aumento de la temperatura del planeta, argumentando lo anunciado por la comunidad científica que habla de un ingreso a una fase de colapso climático.
Algo que no pasó desapercibido fue la acusación que lanzó sobre Trump, a quien calificó como negacioncita del cambio climático y de estar “contra la humanidad”.
Sobre Europa, dijo que se equivoca al destinar cada vez más recursos a la industria militar en lugar de financiar la transición energética. “Europa no puede seguir viendo a Rusia como su enemiga. Su verdadero enemigo es la muerte de sus propios nietos por el colapso climático”.
El mandatario colombiano ha venido pronunciándose enfáticamente sobre la amenaza estadounidense en el Caribe. En esta oportunidad no desperdicio el momento para aseverar, “los mismos misiles que caen sobre los niños de Gaza hoy caen sobre jóvenes pobres del Caribe colombiano. Son ejecuciones extrajudiciales que violan el derecho internacional humanitario.”
Y destacó la interdependencia ecológica de los Andes, la Amazonía y el Atlántico, además, reiteró su compromiso de reforestar zonas antes destinadas a cultivos de coca para transformarlas en selva viva.
Al momento del cierre de la cumbre climática, Petro, apoyó la objeción de su delegación en el plenario en Belém: “No acepto que en la declaración de la COP 30 no se diga con claridad, como dice la ciencia, que la causa de la crisis climática son los combustibles fósiles que usa el capital (…) Colombia se opone a una declaración de la COP 30 que no diga la verdad científica al mundo”.

Los efectos de la crisis climática sobre los sectores vulnerables
La COP30 dejó, también, la firma de la “Declaración de Belém sobre Hambre, Pobreza y Acción Climática Centrada en las Personas”, respaldada por 43 países y la Unión Europea, que surgió como un nuevo pacto moral con consignas como justicia ambiental y la supervivencia compartida.
En el texto se habla de la protección de los más vulnerables ya que se encuentran en el centro de la acción climática, reconociendo que los impactos del calentamiento golpean más fuerte a comunidades pobres, rurales e indígenas. Se destaca que el cambio climático aumenta la pobreza, el hambre y la inseguridad alimentaria. Además, el texto compromete a los países firmantes a implementar medidas de adaptación centradas en las personas, como protección social y seguros agrícolas.
En el marco de la declaración, Lula Da Silva pidió a las potencias dejar de cobrar intereses sobre los fondos verdes al Sur Global y exigió reparaciones climáticas, manifestando que “La Tierra es una, la humanidad es una. La respuesta debe venir de todos”. Además, resaltó la importancia de reforzar el multilateralismo para evitar el colapso climático.
El mandatario brasilero también reafirmo que las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), que son planes de acción climática que cada país elabora para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse al cambio climático, son un instrumento tangible para buscar el desarrollo sostenible, pero necesitan financiamiento necesario, por ende, muchos países pobres se ven limitados ya que requieren financiamiento, tecnología y apoyo para transitar sin afectar sus necesidades básicas.
Otro de las propuestas de Brasil que lograron aprobarse fue el Fondo para los Bosques Tropicales (TFFF), un fondo de 125 mil millones de dólares destinado a preservar los grandes bosques del planeta, en especial la Amazonia. Además, otras propuestas como el acuerdo sobre combustibles sostenibles y una nueva coalición para los mercados de carbono, que representan un desafío de gran magnitud.
Nuestra América, ¿discute su matriz energética y su desarrollo?
En el marco de la tensión geopolítica que vive Nuestra América, el abordaje del clima nos invita a reflexionar sobre qué tipo de matriz energética y productiva necesitan nuestras naciones para su consecuente desarrollo, en el marco de un verdadero cuidado del medio ambiente. Así mismo, nos interpela sobre el rol que juegan están cumbres internacionalistas que se encuentran bajo el paraguas de las Naciones Unidas.
Los países de nuestra región han sido subyugados a sostener una matriz productiva primaria y extractivista que ha conducido a generar consecuentemente niveles de contaminación sobre nuestro propio territorio. Sin no ir muy lejos, la problemática de la minería ilegal e, incluso, la minería legal a cargo de transnacionales sin regulación del estado que han provocado catástrofes ambientales y humanitarias sobre nuestro amplio continente.
Otro punto, destacable en esta estructura primarizada, es la falta de desarrollo tecnológico y de industrialización que afecta al desarrollo de nuestros países, sometiéndolo y condicionándolas a la mera recepción de tecnología que llegan de fuera.
Por ende, el debate sobre la protección del medio ambiente para mejorar nuestra convivencia en el mundo y lograr alcanzar el desarrollo de nuestros países, implica discutir la transición hacia energías limpias, hacia una matriz energética que permita el cuidado del medio ambiente considerando los intereses nacionales de nuestros países dentro de la justa soberanía de nuestros pueblos para poder discutir, elegir y esbozar nuestros modelos productivos de desarrollo, sin la interferencia y el condicionamiento de agendas imperialistas que tras bambalinas apuntan a una “no industrialización” con el fin de eliminar competencias y obturar el desarrollo de nuestra región.
Lucia Izaguirre* Periodista miembro del equipo editorial de PIA Global
Foto de portada: Agencia EFE

