Cancelando a Rusia

Por Jonathan E. Prueger* –
Especial para PIA Global –
Una parte fundamental de la estratégia de la OTAN frente Rusia consistió en apelar a la “cultura de la cancelación”, pretendiendo aislar al país lo más posible del resto del mundo; incitando a un amplio margen de participación de las sociedades civiles occidentales y reduciendo en gran medida las posibilidades de acceder a una narrativa diferente a la de la OTAN en torno a los hechos.

Estás prohibida

La estrategia occidental frente a la profundización del conflicto entre Rusia y Ucrania puso al descubierto que los dispositivos de cancelación del psicopoder pueden operar a escala planetaria en la disputa geopolítica y hasta tener por objetivo -en este caso- una nación entera. La operación militar rusa es motivo suficiente para clausurar incluso hasta la cultura de dicha sociedad. La estratégia del esquema de poder del globalismo financiero neoliberal, cuyo brazo armado es la OTAN, fue en primera instancia viabilizar un costo económico, político, cultural y simbólico; dejando casi por fuera la órbita de lo militar.

La respuesta occidental conllevó un encadenamiento internacional de sanciones económicas: fuertes restricciones de sus instituciones financieras (fundamentalmente de la mano de la expulsión de Rusia del SWIFT); congelamiento de activos del Banco Central ruso en EE.UU., la UE, Canadá y Gran Bretaña; aumento de tasas de interés; cierre de rutas comerciales aéreas; limitación del acceso a ciertos bienes y tecnologías hidrocarburíferas; entre otros. Vale la pena aclarar que en 2021 Estados Unidos ya había duplicado la cantidad de sanciones económicas a Rusia en comparación con el 2020. 

Al encadenamiento de sanciones económicas le fueron contiguas un conjunto de clausuras de amplio registro: expulsiones del mundo del deporte en general (exclusión del mundial de fútbol Qatar 2022, de la Eurocopa femenina, exclusión de Spartak Moscow de la UEFA, exclusión de competencias de voleibol, básquet, patinaje, etc.); expulsión de diplomáticos rusos de la ONU que se encontraban en Estados Unidos; se prohíbe el ingreso de rusos a diferentes países; imposibilidad de acceso a medios y plataformas informativas rusas (RT, “¡Ahi les va!”, etc.) en casi toda Europa y América; empresas como Netflix, Google, Apple, Ikea, Mcdonald’s, entre otras, suspenden sus servicios en dicho país (aislamiento cultural que profundiza la distancia entre los pueblos); se dejan de vender comidas típicas de origen ruso; se sancionó a los criadores de gatos rusos; la orquesta filarmónica de Cardiff retira las obras de Chaikovsky de su repertorio (después quieren demostrar que no son solo medievales); una universidad de Italia quiso prohibir textos de Dostoievski; la Conferencia de Directores de Ferias Internacionales del Libro decidieron excluir a todas las autoras y autores rusos de sus estantes (al más descarado estilo Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, donde queman libros); Facebook e Instagram realizaron un cambio en sus políticas y ahora permiten publicaciones que inciten a la violencia contra los rusos (los dispositivos de cancelación del psicopoder tienden a consolidarse con un amplio margen de participación civil digital: la autorregulación de la violencia al interior mismo de la sociedad civil es su horizonte).

Vale destacar el caso de una clínica alemana que expuso en su portal la decisión de dejar de tratar pacientes rusos. Los dispositivos de cancelación logran expandirse hacia necropolíticas (políticas de la  vida y la muerte) del biopoder, esta vez bajo el ala implícita del imperativo de la positividad.

En definitiva, encontramos una ofensiva occidental contra Rusia en todos los frentes que no involucran el enfrentamiento militar directo (dejando por fuera -de esta manera-  los suministros militares brindados desde las potencias occidentales al gobierno ucraniano). El objetivo hacia el que se dirige el arsenal de medidas en curso apuntan mucho más que a sancionar a un estado: el horizonte es la cancelación de un país,  su sociedad, su cultura, su cosmovisión.

La OTAN avisó que daría prioridad a la «Guerra Cognitiva»

A pedido de la OTAN, en 2020 François Cluzel presentó un artículo denominado “Guerra Cognitiva”. En la misma se detallan las características de lo que implica un “nuevo” dominio de combate. A la guerra marítima, terrestre, aérea, cibernética y espacial, se le suma lo cognitivo como nuevo espacio de medición de fuerzas y de lucha. Sin embargo, al cerrar la introducción también lo define como “Dominio Humano” (p. 4), lo cual viene a acompañar otra idea-fuerza clave del artículo. De la mano con superar los límites de lo cognitivo (incorporando lo biológico y lo inconsciente), el documento plantea que en base a lo cognitivo el interés está puesto en la praxis; en la acción que en todo caso se interrelaciona con toda cognición. Uno de los horizontes con respecto a la acción es, como mencionamos, la contribución a la autorregulación de la violencia en la sociedad civil. Lo cual constituye una de las características centrales de las dinámicas de las sociedades de control postdisciplinarias (Prueger, 2020) y -fundamentalmente- de las tecnologías del psicopoder (Prueger, 2021a) hacia nuestros tiempos. En dicho documento se vaticina la importancia de profundizar los desarrollos científicos y técnicos en ciberpsicología. Allí se afirma que para la OTAN “el desarrollo de capacidades para dañar las habilidades cognitivas de los oponentes será una necesidad”. 

Como supo demostrar este portal informativo, de la mano de la serie de notas de Constantini que historizan el conflicto Rusia-Ucrania,  esta guerra se enmarca en un tablero de ajedrez más amplio en el escenario geopolítico mundial. Hace mucho tiempo que los países de la OTAN, fundamentalmente los Estados Unidos, vienen buscando generar un escenario de cierre de filas global contra Rusia. 

En el marco de la actual crisis sistémica y encrucijada civilizatoria que atraviesa la humanidad, lo que está en juego es si vamos hacia la profundización de un ordenamiento unipolar global neoliberal o hacia un ordenamiento multipolar con la confluencia de procesos que hacen hincapié en la triada estado-producción-trabajo. En otras palabras, si el capital sigue siendo quien ordene el devenir de los pueblos del mundo (con el recrudecimiento de las desigualdades y los impactos ecosistémicos que ello conlleva), o bien los estados logran imponerse por encima del mismo y caminar hacia una convergencia que haga viable a la humanidad y todas sus naciones en el tiempo.

Dispositivos de cancelación

Retomando el eje de la nota, “la catalización catártica de los dispositivos de cancelación permite que se exprese, condense y dirija hacia un sujeto/objeto específico el rechazo a elementos que forman parte intrínseca de nuestras sociedades” (Prueger, 2021b) y de la dinámica mundial podríamos agregar ahora también. Hace mucho tiempo que el mundo está en guerra. A lo que no estamos acostumbrados es a que la iniciativa bélica la lleve adelante un país que no sea Estados Unidos ¿A alguien se le ocurrió cancelar a Estados Unidos por cada vez que invadió un país? Nos resulta difícil pensarlo y no es casual. Imaginemos a los estados y sociedades del mundo boicoteando empresas como Coca-Cola, McDonald ‘s, Netflix,  la CNN, Android, entre otros. 

Nos es difícil de imaginarlo porque la cancelación constituye un dispositivo del poder que es intrínsecamente occidental. Cancelar es profundamente occidental y globalista, porque la utopía positivista de la eliminación de la contrariedad está en las bases de las filosofías de la cosmovisión occidental. La contrariedad dual occidental (que abdica ante una imposibilidad de integrar los opuestos), donde una de las partes se afirma en base a la negación de la otra, puede ser visible desde Sócrates y Platón (con sus planteos de  un  mundo de las ideas superior al mundo asequible con  los sentidos);  pasando  por  el  catolicismo medieval (donde se ejerce la misma violencia contravitalista desde un relato religioso que se impone como absoluto); e incluyendo a la misma modernidad (donde dicha civilización se impone colonialmente al  mundo  y  encumbra el prototipo de ser humano racional occidental).

Dos factores claves vienen a jugar un importante papel en la estrategia cancelatoria de la OTAN. Por un lado, ya nos encontramos en una situación de condicionamiento informativo global. No estamos pudiendo acceder a voces alternativas a la narrativa occidental imperialista porque los Gigantes Tecnológicos (Big Tech) y sus plataformas digitales (Google, YouTube, Instagram, Facebook, Meta,  WhatSapp, Twitter, entre otras) están condicionando o directamente bloqueando la posibilidad de acceso a otras narrativas no occidentalocéntricas de la realidad. Esto es muy grave ya que en el mediano y largo plazo nos puede llevar a profundizar nuestra burbuja autorreferencial occidental, en un momento donde necesitamos justamente todo lo contrario. 

Por otro lado, se están sofisticando en escala y tecnicidad las formas de la posverdad en los distintos tipos de registros audiovisuales. Cualquier video o supuesto registro audiovisual con las imágenes más explícitas puede ser un estratagema del poder. Hoy, más que nunca, no podemos confiar en la literalidad más explícita que veamos en nuestras pantallas. A modo de ejemplo, podemos contar con el caso del video confeccionado por el gobierno ucraniano que simula un bombardeo a la Torre Eiffel, a modo de “concientización” para que la OTAN intervenga militarmente -en términos directos- en el conflicto.

A modo de ejemplo, veamos contenidos a los cuales quizás no puedas acceder desde las plataformas de los Gigantes Tecnológicos y también veamos respectivos portales alternativos donde sí se puede acceder a dichos contenidos: 

Intente acceder a este video: https://www.youtube.com/watch?v=7nAhpxMhk4Q 

De no poder acceder, cuente con este enlace:  https://vk.com/actualidadrt 

Intente acceder a este video: https://www.youtube.com/watch?v=KK_zbHZBbAY

Si tampoco puede, cuenta con este enlace: https://www.ahilesva.info/ 

Vale la aclaración: no se trata de tomar por cierto el contenido de dichas fuentes, sino simplemente acceder a la posibilidad de -como se dice por estos lados- “escuchar las dos campanas”.

Eliminación del contrario o integración de los opuestos

La tendencia hacia la eliminación de la contradicción (alteridad), siguiendo a Rouvroy y Berns (2016), es el horizonte hacia el cual los dispositivos de la gubernamentalidad algorítmica tienden a modular las conductas individuales y transindividuales. Las discursividades bélicas del tipo amigo/enemigo del occidente imperialista, donde el otro merece un castigo total, encuentran una clara correspondencia con las dinámicas morfológicas que hoy en día estructuran la digitalidad. El unipolarismo globalista neoliberal no puede evitar abdicar en dicha posición, porque lo que pretende es -justamente- la unipolaridad imperial. He aquí la centralidad de los dispositivos de cancelación. La narrativa general de los países que convergen en la búsqueda de un escenario mundial multipolar, no necesita esgrimir la eliminación del contrincante. 

Rusia no pretende eliminar a Ucrania del mapa. Pretende poner bajo su protección a toda la población rusoparlante y particularmente a dos ciudades habitadas en su gran mayoría por personas que son idiosincráticamente rusas; las cuales están siendo diezmadas por un gobierno neonazi que asume bajo elecciones fraudulentas (posteriores al golpe de estado blando de 2014). 

No son nuestras diferencias las que nos separan, sino el modo rígido de vivirlas.  Europa y Asia tienen mucho más que una historia en común, se necesitan mutuamente. Opuestos que se han enfrentado históricamente, hermanos como Caín y Abel: inútilmente enemistados. En una nota replicada por PIA recientemente, Dugin (ruso) retomaba las consideraciones de un geopolítico llamado Mackinder (alemán). Este último afirmaba que históricamente Oriente constituye el poder de la tierra, viniendo con ello aparejado: sedentarismo, presente, tradición, templanza, conservadurismo, religiosidad, poder militar, entre otros. Mientras que Occidente, como el poder del mar constituye: nomadismo, futuro, tecnología, modernidad, liberalismo, poder marítimo y mercantil, entre otros. Sus idiosincrasias son en múltiples sentidos contrarias, por ello deben integrarse armónicamente: concretando el proyecto de la Eurasia como factor decisivo en la transición a un escenario geopolítico mundial multipolar. No hace falta que supriman sus tensiones. Más bien es nutricio que se mantengan y que de la viabilización armónica de las mismas encontremos destellos de luz que alumbren nuevos caminos para la humanidad. 

Pero Estados Unidos, como actual representante de los intereses del globalismo neoliberal, logra subyugar o traccionar a Europa para que siga enemistada con Rusia. Tenemos que comprender que difícilmente Oriente logre traccionar política y culturalmente a la UE. Quizás ese rol nos compete a nosotros como Latinoamérica: continente mestizo que -mediando más o menos sangre- logra una integración de identidades y cosmovisiones en no pocos sentidos disímiles y opuestos. Tenemos elementos de la cultura europea pero también tenemos elementos precolombinos (con toda su diversidad) y afrodescendientes. Quizás, hasta podemos traccionar política y culturalmente para que sociedades como la rusa puedan integrar reivindicaciones de género, eso sí: en clave descolonial. 

Hacia nuestros días es fundamental lograr romper los cercos mediáticos y digitales. Como latinoamericanos no podemos legitimar el aislamiento y cancelación de Rusia, bajo ningún aspecto. Es fundamental que expresemos nuestro apoyo incondicional al multipolarismo y condicionemos a nuestro representantes para que tomen dicha postura. 

Con todo lo que vivimos, no podemos suponernos “neutrales” y ver cómo nos convierten gradualmente –Guerra Cognitiva mediante- en base social de la OTAN. 

Me gustaría dedicar una nota a los experimentos tóxicos que EE.UU. llevaba adelante en laboratorios -no en una sino- en siete ciudades de Ucrania. Cierro con una pregunta que me hacía hacia el futuro, en mi tesis de grado, en plena pandemia de COVID-19: ¿Como están tendiendo a intrincarse mutuamente biopoder y psicopoder hacia nuestros tiempos?

Bibliografía

Prueger, J.E. y Pastor, J. (2016). Una aproximación a la disputa de sentido en la crisis global: hegemonía, ideología y proyectos estratégicos. IX Jornadas de Sociología de la UNLP, del 5 al 7 de diciembre de 2016.

Prueger,  J. E.  (2020). Las  teorías  del  poder  postdisciplinario(Tesis  de  grado).  Presentada  en la Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación para optar al grado de Licenciado en Sociología.

Prueger,  J. E. (2021a).  Las  teorías  postdisciplinarias  y  el  desafío  de  describir  una  nueva tecnología del poder. Hipertextos, 8 (14), pp. 73-90. https://doi.org/10.24215/23143924e020

Prueger, J. E. (2021). Dispositivos de cancelación del psicopoder. Hipertextos, 9(16), 99-114. https://doi.org/10.24215/23143924e042

Rouvroy, A. y Berns, T. (2016). Gubernamentalidad algorítmica y perspectivas de emancipación: ¿lo dispar como condición de individualización por relación? Revista ECOPOS, 18 (2). Tecnopolíticas e Vigilancia pp. 36-56.

*Jonathan E. Prueger, Lic. en Sociología y Doctorando en Cs. Sociales (FaHCE-UNLP).  Becario Doctoral  (IIGG-UBA/CONICET). Investigación Doctoral: Sur, COVID y después. El impacto de la pandemia/postpandemia en la reconfiguración de las relaciones de poder en Argentina (2020-2023) desde un apropiamiento descolonial del registro teórico postfoucaultiano. Integrante del PPID “Dependencia epistémica, eurocentrismo y colonialidad del saber: hacia un pensamiento situado” (FTS-UNLP) y el proyecto “Datos, algoritmos y plataformas. Las nuevas formas de la gubernamentalidad a la luz de la teoría de lo transindividual de G. Simondon” del IIGG-UBA.

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