África Análisis del equipo de PIA Global

África y Europa, detrás del mismo gas natural

Escrito Por Beto Cremonte

Por Beto Cremonte*-
La guerra en Ucrania sigue y agudiza la incertidumbre energética para gran parte del mundo. Vendedores, productores y compradores necesitados de energía se disputan el gas africano.

La Unión Europea, a pesar de haber logrado algunos acuerdos favorables para obtener el preciado recurso natural del subsuelo africano, sigue buscando la forma de salir como ganador en esta disputa que crece día a día y se intensifica con el avance en el tiempo de la guerra en Ucrania.

Si bien es cierto que el fantasma del crudo invierno para Europa (sin gas ruso) ya promedia la mitad del mismo y hasta ahora no ha traído mayores problemas. Digo mayores problemas, en sentido de que Europa ya arrastraba una seria de temas que se podían agravar sin el suministro desde el este europeo. Los Nord Stream paralizados, las sanciones económicas a Rusia, la guerra y la falta de acuerdos con otros productores de gas oscurecían el horizonte invernal europeo.

En esa búsqueda desesperada de sustitutos para el carbón, el petróleo y el gas Europa se lanzó de lleno a lograr acuerdos con líderes africanos. Visitas, giras, reuniones bilaterales e invitaciones para cruzar el Mediterráneo se fueron dando a lo largo del 2022. También hubieron grandes desacuerdos que hicieron (y aún hay grandes interrogantes) tambalear y poner en riesgo el acceso europeo al gas africano. Pedro Sánchez y su cambio de postura frente al Sáhara Occidental, el endurecimiento de la postura argelina, la falta de inversión para los proyectos gasíferos que estaban en curso en suelo africano, por dar algunos ejemplos sin nombrar todavía la creciente influencias rusa y china en la región. Un combo para el cuál Europa no estaría preparada para resistir. Lo cierto es que el invierno boreal está pasando sin mayores sobresaltos para los pueblos europeos.

Sin sobresaltos, es verdad pero si se ve cada vez más lejano ese objetivo que se planteó desde la Comisión de Energía de la UE de “hacer una Europa independiente de los combustibles fósiles rusos antes de 2030”. Para ello preveía, en primer lugar, trabajar con “socios internacionales para encontrar suministros alternativos de energía”, como por ejemplo, el gas que descansa en el subsuelo de algunos países africanos.

Gasoducto Nigeria

Las expectativas africanas

Por supuesto que los líderes africanos no se opondrían a sentarse en una mesa de dialogo, que además los tenía (y los tiene) del lado de escuchar las ofertas que vienen desde el otro lado y que están teñidas de urgencia. Por ello muchos gobiernos africanos se han apresurado a dar la bienvenida a esta transformación de la política europea y han saludado con beneplácito el interés por el gas africano. Pero claro, las condiciones de negociación están cambiando en favor de los postergados Estados africanos.

Antes de la guerra, Argelia ya era el tercer proveedor de gas natural a Europa a través de los gaseoductos con destino España e Italia. Otra parte importante del gas llega por vía marítima desde el golfo de Guinea (Nigeria, Angola y Guinea Ecuatorial). En este caso, se transporta como gas natural licuado (GNL).

Los esfuerzos del presidente español por tender lazos “de amistad” con el majzén marroquí, por no decir que está cediendo permanentemente a las continuas presiones y amenazas del reino alauita, hicieron peligrar esta provisión de gas argelino. Pero hoy Argelia ha vuelto a ser el principal suministrador de gas natural de España después de la incertidumbre por la tensión diplomática entre España, Argelia, Marruecos y la RASD como disparadora del conflicto. Que además estuvo condimentada con precios récord y una demanda de los países europeos al límite para abastecerse de cara al invierno.

En octubre pasado, el gasoducto que une el país del Magreb con la costa de Almería inyectó una quinta parte del gas del sistema español. Lo que representó que esas importaciones representaran el 21,2 % del total. Por detrás de Argelia se ha situado Estados Unidos, cuyas ventas de gas a España representaron un 17,2% del total.

El cierre del gasoducto que unía Argelia con la costa de Cádiz vía Marruecos, puso en alerta al gobierno español, que sin ánimo de intentar mejorar  las complejas relaciones diplomáticas entre marroquíes y argelinos, optó por tomar partido por el gobierno de Mohamed VI lo que agudizó aún más la crisis energética de cara a un invierno que, teniendo en cuenta el contexto mundial pos pandemia, y una guerra en la puerta este de Europa, presagiaba grandes problemas para la península ibérica.  La nueva posición de España con respecto al referendo del Sáhara Occidental y su apuesta por la autonomía en Marruecos, agravaron aún más la situación en lo que muchos analistas señalamos como la “diplomacia del gas”. La llegada de barcos metaneros desde la costa Este de EE.UU ha llegado a representar un 40 % de las importaciones de gas de España, trajo alivio al ejecutivo español.

Un buque transporta Gas Natural Licuado. Foto de archivo

Cruzar el Mediterráneo para traer gas a Europa

En los últimos meses los responsables europeos han visitado Argel, Dakar, Abuja, Brazzaville o Luanda para sondear las posibilidades de aumentar las importaciones de gas. La Comisión Europea ha firmado un acuerdo tripartito para asegurar la llegada de gas israelí a través de Egipto. Además, se están revitalizando las inversiones de empresas europeas en proyectos de GNL. Algunos ejemplos son las de BP en Senegal y Mauritania; de ENI en Argelia, Egipto, Nigeria, Angola y República del Congo y de Equinor y Shell en Mozambique y Tanzania.

Ahora bien, estas negociaciones significan que África tenga una nueva oportunidad para el desarrollo de su economía y además que lo haga con los recursos que le son (siempre le fueron) propios. Pero el gas natural no solo se exporta: también tiene un uso creciente dentro de los países africanos. Muchos consideran que constituye una fuente fundamental de transición para asegurar el desarrollo. El gas envasado puede sustituir a fuentes de energía más contaminantes como la leña o el carbón general, con un empleo muy extendido en los hogares africanos y con efectos perjudiciales en la salud de las familias.

El uso de este tipo de energía es fundamental sobre todo  en un continente con niveles muy bajos de electrificación. La gas natural no solo reemplaza muchas veces a la energía eléctrica sino que hasta incluso se lo utiliza para su generación. Está práctica es ya una realidad en países como Ghana, que mientras exporta la mayor parte de su petróleo a los mercados internacionales, utiliza el gas para alimentar su infraestructura eléctrica. El gas natural tiene además el potencial de surtir tanto a los mercados nacionales como a los regionales.

Actualmente el Gasoducto de África Occidental atraviesa los territorios de Nigeria, Benin, Togo y Ghana, y otro une a Sudáfrica con Mozambique. Además existen proyectos en el mismo sentido: como el suministro de gas a Uganda desde Tanzania y el Gasoducto del Renacimiento Africano, que sería el segundo entre Mozambique y Sudáfrica. Por último, Nigeria sería el origen tanto del Gasoducto Transahariano que llegaría Argelia como del que conectaría Nigeria con Marruecos. La importancia de estos dos gasoductos es que se podrían enlazar con las redes de gas europeas.

Argelia, Nigeria y Níger firmaron hoy un memorando para avanzar en el proyecto de gasoducto transahariano, de más de 4.000 km, que permitirá transportar el gas nigeriano a Europa, afectada por los cortes de suministro de Rusia y en medio de la continuidad de la guerra con bombardeos en el sur de Ucrania, informó la prensa local.

¿Europa está dispuesta a invertir?

Claramente los países africanos que poseen gas como recurso natural no están capacitados económicamente o tecnológicamente para poder hacer de ello un punto a favor en el desarrollo de su industria, necesitan si o si de la inversión extranjera. Aquí surge la disyuntiva de cómo lograr las condiciones favorables para obtener los réditos económicos y que no solo favorezcan a las potencias europeas.

Es por eso que nos debemos preguntar si los proyectos en marcha son compatibles con la sustentabilidad económica que está exigiendo un mundo que atraviesa su peor crisis climática y energética. Además ¿Puede aumentarse el suministro de gas africano para Europa, y al mismo tiempo suministrar energía a los hogares y al sector productivo africano?

El argumento fundamental es que el creciente interés europeo conllevará las inversiones que son imprescindibles para extraer y poner en valor esta fuente de energía. Asimismo, se afirma que las exportaciones de gas a Europa otorgaron recursos adicionales para que los Estados africanos puedan invertir en desarrollo. Hay razones, sin embargo, para no ser tan optimistas.

Las necesidades energéticas de África son inmensamente superiores a las europeas. Por mucho que pueda aumentarse la producción y disponibilidad de gas en un momento determinado, la exportación siempre se traducirá en la disminución de un recurso no renovable. Ello se puede convertir en una hipoteca para la estrategia a medio y largo plazo en las aspiraciones de electrificación e industrialización en África.

Las infraestructuras necesarias para la exportación de gas no son las mismas que se requieren para alimentar las redes eléctricas o suministro de gas envasado para las familias del continente africano.

Desde otra perspectiva, los grupos ecologistas en el continente recuerdan que el gas es un combustible fósil que contribuye al cambio (crisis) climático. Por lo tanto, cualquier inversión en gas reduce los recursos que necesariamente irán destinados a la promoción de las energías renovables. El interés europeo podría demostrarse también transitorio, en tanto que la Unión Europea mantiene como objetivo reducir su dependencia de los combustibles fósiles para 2030. La construcción de más infraestructuras para la generación y transporte del gas africano podría convertirse en nuevos elefantes blancos del desarrollo.

África puede desempeñar un gran papel en la producción de estas energías limpias tanto para el consumo interno como para la exportación. Habrá que ver entonces cómo equilibran los gobernantes africanos los intereses de los inversores internacionales y las necesidades de sus propios ciudadanos para lograr, como ya hemos mencionado, las condiciones para el avance africano. El contexto es favorable. La decisión esta vez podría estar del lado africano.

*Beto Cremonte es docente, profesor de Comunicación Social y Periodismo, egresado de la UNLP, Licenciado en Comunicación Social, UNLP, estudiante avanzado en la Tecnicatura superior universitaria de Comunicación pública y política. FPyCS UNLP.

Foto de portada: hombre trabajando en una tubería de gas en Áfriaca (internet- Revista Más Industrias)

Acerca del autor

Beto Cremonte

Docente, profesor de Comunicación social y periodismo, egresado de la Unlp, Licenciado en Comunicación social, Unlp, estudiante avanzado en la Tecnicatura superior universitaria de Comunicación pública y política. FPyCS Unlp