Según reveló el South China Morning Post, las conversaciones se encuentran en la “etapa final”, y la compra masiva de productos estadounidenses por parte de China figura como pieza central del acuerdo.
La noticia llega tras la cuarta ronda de negociaciones comerciales en España y antes de una llamada programada entre Trump y su homólogo chino, Xi Jinping. En Madrid, ambos equipos cerraron un marco de entendimiento sobre la aplicación TikTok, además de tratar temas sensibles como minerales estratégicos y la crisis del fentanilo. Trump calificó los encuentros como “un éxito” y ahora toda la atención se traslada a la posible visita.
Avances significativos
Fuentes cercanas a las conversaciones aseguran que los principales obstáculos ya están resueltos y que solo quedan detalles menores por pulir. “Las cosas están tomando forma”, dijo uno de los informantes. Beijing ya envió una invitación oficial para la primera semana de septiembre, lo que en la práctica significa que el viaje está casi confirmado.
La diplomacia, sin embargo, no será el único escenario. Según trascendió, la parte china propuso que Trump se suba al tren de alta velocidad que conecta Beijing con Shanghái, un recorrido de cuatro horas que simboliza el progreso tecnológico del gigante asiático. Ese gesto busca mostrarle al líder estadounidense el desarrollo moderno de China y, de paso, enviar un mensaje de confianza a nivel internacional.
El núcleo de las conversaciones apunta a un anuncio con peso económico. Washington presiona para que China realice compras masivas de productos estadounidenses, con Boeing a la cabeza. Un acuerdo por hasta 500 aviones comerciales está sobre la mesa, lo que representaría el mayor pedido de Pekín a la compañía desde la última administración Trump.
La soja también entra en la ecuación. Aunque China sigue comprando enormes volúmenes a Brasil —42,3 millones de toneladas en lo que va del año—, sus importaciones desde Estados Unidos han caído notablemente, a 16,6 millones. Washington busca revertir esa tendencia y recuperar terreno en un mercado vital.

Entre la diplomacia y la presión
Más allá de los anuncios económicos, el trasfondo es geopolítico. Washington quiere presentar este viaje como una victoria ante su electorado, mientras que Beijing aspira a mostrar su capacidad de negociar de igual a igual con la primera potencia mundial. La “gran foto” que ambas capitales desean proyectar es la de estabilidad, pese a que en la práctica las tensiones siguen siendo profundas.
En los últimos días, los canales diplomáticos han estado a pleno: el secretario de Estado, Marco Rubio, conversó con Wang Yi sobre la necesidad de manejar diferencias con cautela, mientras que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, dialogó con su par Dong Jun para asegurar que EE.UU. no busca un “cambio de régimen” en China.
¿Una nueva página en la relación bilateral?
De concretarse, esta será la primera visita de un presidente estadounidense a China desde 2017, cuando el mismo Trump fue recibido con honores imperiales en la Ciudad Prohibida. Ahora, en un escenario global más crispado y con una guerra comercial latente, el viaje no solo servirá para cerrar negocios millonarios: también pondrá a prueba hasta dónde están dispuestos a cooperar los dos gigantes que marcan el pulso de la política y la economía mundial.
El resultado de esta visita puede definir el tono de las relaciones sino-estadounidenses en los próximos años: ¿será el inicio de una tregua pragmática o un capítulo más en una rivalidad imposible de apaciguar?
*Foto de la portada: Bloomberg

