Asia

Los intereses reales de Estados Unidos en Filipinas

Por PIA Global*- El despliegue de Estados Unidos en la región del Asia-Pacífico rara vez se presenta como una operación abiertamente extractiva.

Bajo el relato de la “seguridad regional” y la “libertad de navegación”, Washington ha logrado consolidar una red de alianzas militares, bases estratégicas y tratados bilaterales.

Pero detrás de ese entramado geopolítico hay una lógica más antigua y menos diplomática: el control sobre recursos estratégicos, especialmente los minerales de tierras raras, esenciales para la industria tecnológica y militar del siglo XXI.

Uno de los países que ha pasado recientemente al primer plano de esta agenda es Filipinas, cuya ubicación geográfica la hace indispensable en el cerco militar a China, pero cuyo potencial minero ha sido históricamente subestimado.

Hoy, esa “ignorancia” parece ser reemplazada por un renovado interés de las potencias occidentales, que buscan asegurar el acceso a materiales clave para el desarrollo de vehículos eléctricos, satélites, misiles, aviones militares y dispositivos electrónicos avanzados.

Filipinas: un nuevo campo de batalla por tierras raras

Cuando funcionarios estadounidenses se reunieron este mes con autoridades filipinas en Kuala Lumpur para discutir minerales críticos, la reunión pasó casi desapercibida para el gran público. Sin embargo, fue un paso clave en la apertura de un nuevo frente geoeconómico.

Según expertos de la industria, durante décadas Filipinas ha sido un proveedor silencioso de materias primas estratégicas para China, quien utilizó estos recursos para sostener su cadena de producción tecnológica.

Este flujo de materiales —en su mayoría sin valor agregado y a bajo costo— benefició tanto a la industria china como a las corporaciones occidentales que dependen de insumos raros para sostener su hegemonía tecnológica.

Ahora, con la creciente rivalidad entre Washington y Pekín, Estados Unidos busca desviar ese flujo hacia sus propias cadenas de producción, al tiempo que presenta el acuerdo como parte de una estrategia común de desarrollo con Filipinas.

Pero lo que está en juego no es simplemente comercio justo o cooperación bilateral. Es la consolidación de una nueva forma de colonialismo de recursos, en la que Estados Unidos no sólo refuerza su presencia militar en el archipiélago —como lo demuestran las nuevas bases en Subic y el despliegue de armamento en territorio filipino— sino que también asegura el acceso exclusivo a minerales esenciales sin garantizar soberanía tecnológica ni desarrollo industrial real para Manila.

De la contención de China a la extracción encubierta

La narrativa oficial estadounidense insiste en que su presencia en Asia-Pacífico busca “contrarrestar la agresión china” y “proteger el orden internacional basado en reglas”. Sin embargo, la realidad es más cruda: mientras se refuerzan los pactos militares como el EDCA (Enhanced Defense Cooperation Agreement), se negocian discretamente acuerdos económicos que colocan los recursos estratégicos filipinos bajo control de empresas norteamericanas.

La contención de China no es solo una cuestión de geopolítica militar; es también una guerra por recursos, por garantizar que los minerales estratégicos de Asia no alimenten el ascenso tecnológico del principal rival global de Washington. Y en ese tablero, Filipinas se convierte en una pieza clave, pero subordinada.

Además, la retórica de “independencia energética” o “seguridad tecnológica” oculta un patrón de subordinación económica: Filipinas entrega recursos vitales mientras continúa importando productos de alto valor agregado, sin avances sustanciales en su industrialización ni soberanía sobre su propio subsuelo.

Un modelo que se repite

Lo que ocurre en Filipinas es reflejo de un patrón más amplio. El interés de Estados Unidos por los minerales críticos en países del llamado “Sur Global” se ha intensificado con el desarrollo de energías limpias y la transición tecnológica.

En vez de invertir en desarrollos industriales locales o asociaciones simétricas, Washington apunta a asegurar el suministro exclusivo de recursos para sus propias industrias estratégicas, dejando a los países productores atrapados en la misma lógica extractivista que definió el colonialismo clásico.

La intensificación de la disputa por los recursos del Asia-Pacífico muestra que la región no solo es un teatro militar, sino también un campo de extracción intensiva.

*Foto de la portada: AP Photo/Alex Brandon

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